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800 médicos especialistas advierten contra las medidas draconianas

Si usted depende sólo de los medios masivos para informarse durante esta crisis, la perspectiva de uno puede deformarse. Usted quizá tenga la impresión que en el mundo entero están de acuerdo en que las medidas de auto-encierro son la única manera de controlar el brote de coronavirus y minimizar su fatalidad. Pero esto no tendría en cuenta lo que los profesionales médicos están diciendo ahora mismo.

Cientos de profesionales, reunidos por la Universidad de Yale, han escrito una carta y la han enviado a la casa blanca. La misma fue firmada por 800 profesionales respetados, desde epidemiólogos a médicos.

La carta previene que encierros, represión, prohibiciones de viajes, cierre de pueblos y barrios y restricciones en el trabajo podrían ser contraproducentes y no producir los resultados que la gente espera. Esto hace eco de lo expresado por el epidemiólogo de Stanford, John Ioannidis*, quien, en su artículo, advierte que estamos tomando medidas extremas con baja calidad de información y sin interesarnos por los costos.

Y donde la carta firmada por los 800 médicos, previene sobre la pérdida de los servicios públicos, yo agregaría la preocupación por la pérdida de los servicios económicos esenciales. Citaré algunos fragmentos de la carta. Mi principal mensaje es que la sigamos. Si usted está preocupado porque las medidas implementadas y propuestas han ido demasiado lejos, usted no está solo, gran parte de la corriente dominante de médicos profesionales, está de acuerdo con usted.

“Medidas tales como las cuarentenas obligatorias, cierre de localidades, prohibición de viajes, han sido usadas para abordar el riesgo del COVID-19. Pero son difíciles de implementar y destruyen la confianza pública, tienen enormes costos sociales y, sobre todo, afectan desproporcionadamente a los segmentos más vulnerables de nuestra comunidad. Estas medidas pueden ser efectivas bajo circunstancias específicas. Todas ellas, deben estar reglamentadas por la ciencia, con la apropiada protección de aquellos en quienes impacta. El quebrantamiento de nuestras libertades, debe ser proporcional al riesgo, debe estar científicamente validado, ser transparente al público, lo menos restrictivo posible de la salud pública, y estas medidas deben ser revisadas regularmente, para saber cuáles siguen siendo válidas para contener la pandemia.

Las medidas de auto-aislamiento, tienen más posibilidades de fomentar la cooperación y de proteger la confianza pública que las medidas coercitivas y es más probable que logren prevenir para evitar la sobrecarga del sistema sanitario. Para que una cuarentena obligatoria sea efectiva y además esté jurídica y científicamente justificada, deben darse tres condiciones: 1) la enfermedad debe contagiarse asintomáticamente o con pocos síntomas; 2) se debe ser capaz de identificar efectiva y eficientemente a todos aquellos que podrían estar expuestos al COVID-19; y 3) todas estas personas deben cumplir con las condiciones de la cuarentena. Hay evidencia de que el COVID-19 se transmite en etapas pre-sintomáticas o poco sintomáticas. No obstante, la participación de los infectados en estados pre-sintomático o con sintomatología leve, en la transmisión del virus, es desconocida. Identificando eficientemente a las personas que han estado expuestas, se incrementarán las dificultadas para la transmisión comunitaria del virus, cada vez más generalizado. Haciendo cuarentenas es poco plausible medir cuánto se ha esparcido en la comunidad. Si los individuos pueden cumplirla estará determinado por el grado de apoyo recibido, especialmente en los sectores de menos ingresos u otras comunidades vulnerables. A pesar de que la cuarentena está vigente en muchos lugares, su continuidad y usos por parte de los gobiernos federales, estatales y locales requieren una valoración y evaluación en tiempo real para justificarla, a medida que evoluciona la ciencia y el brote, por medio de la toma de decisiones transparentes y abiertas de expertos legales y científicos externos.

Será también imperativo no imponer medidas inhumanas o condiciones discriminatorias, como ocurrió en el crucero Diamond Princess, donde los pasajeros fueron “cuarentenados” para proteger a la población y al país, pero fueron aislados en condiciones de alto riesgo de transmisión.

Gobernantes y empleadores deben reconocer que los trabajadores de bajo salario, ocasionales y no asalariados, no pueden trabajar. La cuarentena, las restricciones a los movimientos y otras disrupciones de la economía o de la vida pública, le presentan desafíos extraordinarios. Podría hacérseles imposible reunir las condiciones para satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia.

Los individuos deben potenciarse para comprender y actuar a partir de sus derechos. A los que se debería proveer de una clara justificación sobre las medidas prohibitivas o restrictivas y también de los lugares y formas para su apelación.

La efectividad del sitiado de lugares o de la prohibición de viajes depende de muchas variables, y asimismo, decrece en los estadios sucesivos del brote. Aunque la evidencia es preliminar, los modelos de análisis diseñados a partir de los casos de China, sugieren que estas medidas pudieron haber mitigado pero no contenido la expansión de la epidemia de COVID-19, retrasando el brote localmente, por unos pocos días, mientras que tiene un efecto, si bien modesto, más marcado a escala internacional, siempre que se las combine con otras medidas que lograron que se reduzca en un 50% la transmisión comunitaria.

La carta revela que los más serios académicos de la salud, no están de acuerdo con las medidas draconianas de control y comando ¿Los políticos estarán recibiendo el mensaje?, espero que sí.

 

* “Coronavirus disease 2019: the harms of exaggerated information and non-evidence-based measures”, European Journal of Clinical Investigation, marzo 23, 2020.

Fuente: Stringham, E.: “800 Medical Specialists Caution Against Draconian Measures”, American Institute for Economic Research, marzo 24, 2020.

 

Traducción: M. Y.