Entrevista a Eduardo Baravalle, médico veterinario y docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias.
En el programa “Diálogos”, el médico veterinario y docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Litoral, Eduardo Baravalle, analizó la situación de la producción lechera en el país, los avances tecnológicos en el sector y los principales desafíos que enfrenta la actividad.
—¿Cómo describiría la situación actual de la producción lechera en Argentina?
—La lechería argentina tiene un enorme potencial, con un recurso humano muy capacitado y avances importantes en genética, sanidad y manejo. Sin embargo, es una actividad muy vulnerable a los vaivenes económicos y a la falta de previsibilidad. Los productores trabajan con mucho esfuerzo, pero muchas veces sin el acompañamiento de políticas claras que permitan planificar a largo plazo.
—¿Qué rol cumplen las razas como la Jersey en este panorama?
—La Jersey es una raza que aporta mucho a la cadena lechera, sobre todo en calidad. Son animales eficientes, que producen leche con más sólidos y con una buena adaptación a distintos sistemas. Para pequeños y medianos productores puede ser una gran herramienta, porque no se trata solo de producir más litros, sino de producir mejor.
—En sus palabras mencionó la importancia de los controles sanitarios. ¿Por qué son claves?
—Porque el control sanitario garantiza tres cosas: productividad, bienestar animal e inocuidad del alimento. Cuando un tambo trabaja con buenas prácticas sanitarias, no solo logra más leche, sino que también asegura un producto de calidad para el consumidor y mejores condiciones de vida para el animal.
—¿Cómo impacta la incorporación de tecnología en el sector?
—La tecnología es cada vez más importante. Hoy tenemos herramientas para mejorar la reproducción, la alimentación y hasta el monitoreo de los animales. Hay tambos que incorporan sensores, sistemas automáticos de ordeñe o software de gestión. Eso hace más eficiente la producción y ayuda a tomar decisiones basadas en datos. Lo que necesitamos es que esas tecnologías sean accesibles también para productores más chicos.
—¿Cuáles son los principales desafíos de la lechería argentina?
—El primero es la estabilidad. El productor necesita reglas de juego claras, previsibilidad en los precios y acceso al financiamiento. El segundo es el reconocimiento del valor estratégico de la leche: no es solo un negocio, es un alimento esencial. Y el tercero es potenciar la exportación. Argentina tiene condiciones para ser un actor importante en el mercado internacional, pero para lograrlo debemos sostener a los productores y acompañar con políticas firmes.
—¿Se puede ser optimista sobre el futuro del sector?
—Sí, absolutamente. La lechería argentina tiene futuro, pero necesita estabilidad y acompañamiento. Con innovación, trabajo y políticas adecuadas, podemos no solo abastecer al mercado interno con calidad, sino también crecer en exportaciones. El potencial está, solo falta consolidar las condiciones.
