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miércoles, marzo 3, 2021
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A 22 años de un hito histórico para la educación en la ciudad

El 15 de febrero de 1999, asumían las nuevas autoridades de las Facultades de Ciencias Veterinarias y Ciencias Agrarias. Quedaban atrás 38 años de rica historia de la FAVE, fundada en 1961 por la Congregación del Verbo Divino, con hitos trascendentes como la inauguración del actual edificio en 1970, el traspaso a la UNL en 1973 y el período de normalización iniciado en 1983. Para analizar el pasado y el presente, conversamos con el actual decano de Veterinaria, Dr. Humberto Occhi.

¿Qué recuerda de la primera vez que pisó la Facultad como estudiante?

“Yo ingresé en el año´75. Era todo nuevo. Para llegar a la Facultad había que atravesar un pequeño sendero y una cava donde se depositaban los cadáveres de animales. Imaginen los olores. El contexto histórico era especial. En las reuniones, asambleas y clases masivas, había gente infiltrada de los servicios de inteligencia. En esa época lo veíamos normal, porque estábamos inmersos en un clima de gran violencia política. Era todo muy especial: la vida en la pensión,  aprender a compartir. Fue un desafío personal y un entusiasmo tan grande, que pasábamos meses sin regresar a nuestros hogares”.

¿Por esos días soñaba con ser decano o imaginaba lo que la Facultad es hoy?

“Nunca lo hubiera imaginado. Pero la vida te va llevando. Cuando vino el Golpe de Estado, se notaba una gran rigidez en cuestiones académicas como las correlativas. En el ’78 tuve un aplazo y eso implicaba casi perder el año, porque no podía cursar absolutamente nada. Entonces para aprovechar el tiempo ingresé como ayudante de cátedra ad-honorem en el área de investigación. Ahí empecé a involucrarme paulatinamente en la vida académica y en la investigación”.

¿Cómo mediría el impacto que significó para la ciudad el crecimiento de la FAVE?

“Creo que nunca se lo midió. Tal vez sí en lo económico, pero no en lo cultural. Esperanza era una ciudad cerrada, que se resistía al cambio. Y con la llegada masiva de estudiantes eso cambió. Empezó a haber otro movimiento, otra apertura, a medida que se fueron incorporando a la sociedad, se fueron mezclando, incluso formando familias. Ese cambio se pudo ver a nivel regional y se fue extendiendo a localidades vecinas. Ese fenómeno debería ser estudiado a futuro”.

Luego de varios días de lluvia, la luz del sol ingresa diáfana por la ventana. El  clima es ideal para la charla. Y Humberto Occhi continúa su relato, plagado de anécdotas.

“Me recibí en el año ´82. Cuando ingresé a la Facultad, yo quería ser veterinario de equinos. Pero la vida me llevó para otro lado. A la par que me iba perfeccionando, me involucré cada vez más en la cuestión institucional. El regreso de la democracia marcó un gran cambio. En ese entonces, había muchísima gente de las generaciones fundacionales de la Facultad. Luego estaba la segunda camada, los que fueron profesores nuestros. Y después venía una tercera línea, los que éramos jefes de trabajos prácticos o auxiliares, que mirábamos el futuro con incertidumbre”.

¿Qué es lo que más recuerda de ese período de “normalización” a partir del ’83?

“El tema de los concursos docentes fue un hito fundamental: marcó un antes y un después. Durante años estuvimos aislados, sin contacto con otras facultades. Nuestros profesores tenían un nivel de conocimiento pero nunca lo habían cotejado en concursos. Y al momento de la evaluación se notó la carencia de posgrados, maestrías, actividades de extensión e investigación. Esa instancia produjo un sacudón que nos ayudó a reflexionar, crecer, mejorar y planificar”.

Nuestro entrevistado se muestra amable y locuaz. Es consciente de ser parte de la historia y se entusiasma al llegar a un punto crucial en la vida de la Facultad.

“Durante años, convivimos dos carreras en una misma unidad académica. Era todo un tema porque cada una tenía su idiosincrasia y su problemática. Y cada decisión que se tomaba podía repercutir de diferentes maneras. Era lógico que hubiera tensiones y que con el tiempo surgiera un ánimo de independencia. Cuando se planteó el tema de la división, lo que primaba era una gran ilusión, pero con mucha incertidumbre. No se hizo de un día para otro. Fue un proceso que demandó mucho tiempo, esfuerzo y apoyo del Rectorado”.

¿Cuáles fueron los mayores desafíos y dificultades de esa etapa de transición?

“Se necesitaron muchas reuniones y acuerdos para saber cómo íbamos a compartir la infraestructura y el personal de servicio. No existían muchos recursos. En el caso de Veterinaria no sabíamos cómo iba a funcionar el gobierno de la Facultad. Había que ocupar muchos espacios de conducción y la gente con aptitudes tenía sus actividades. Pese a las dificultades, había un deseo de independizarnos y empezar cada Facultad su propio camino. Todo eso se cristalizó en la resolución del Concejo Superior y en la Asamblea Universitaria en julio de 1998. Y se hizo efectivo en febrero de 1999. Fue un momento de gran alegría y muchos desafíos”.

Los años ’90 fueron claves para el crecimiento de la UNL. ¿Se aprovechó la crisis como una oportunidad?

“Fue una época de grandes cambios. Nos tocó repensar la Universidad en muchos aspectos: el académico, la extensión, la investigación, la vinculación con el medio, la relación con el entorno socio-productivo, el desarrollo tecnológico, los servicios a terceros. La universidad venía de años de letargo y se empezó a pensar de otra manera, con procesos continuos de autoevaluación, diagnóstico, planificación y elaboración de proyectos. Esa línea continúa hasta hoy”.

De la historia más reciente y de su gestión que comienza en el 2014 ¿cuáles son los aspectos salientes?

“Cuando asumí como decano, estaba recién inaugurado el Instituto de Ciencias Veterinarias del Litoral, que depende de la UNL y el CONICET y está conformado por cuatro laboratorios: el Centro de Medicina Comparada, el Laboratorio de Biología Celular y Molecular Aplicada, el Laboratorio de Ecología de las Enfermedades y el Laboratorio de Análisis de Alimentos. Esto fue un salto cualitativo muy grande en la formación de recursos humanos. Siempre recuerdo como uno de los momentos más felices de mi gestión, cuando la primera médica veterinaria aprobó su doctorado, porque hasta ese momento todos los recibidos provenían de otras disciplinas”.

En materia de infraestructura hay obras constantes…

“Sí. A nosotros nos tocó inaugurar el pabellón de físico química y microscopía, con tecnología excepcional, que nos permitió desahogar las actividades que se hacían en el primer piso del edificio principal. También construimos nuevas aulas de posgrado, arriba del Hospital de Pequeños Animales, una obra financiada con producido propio. Pero hay otras cuestiones de avanzada, como la creación del área de informática aplicada, donde se trabaja en realidad virtual y aumentada. Esto tiene un desarrollo futuro impredecible y nos posiciona a la vanguardia. También destaco el tema de las acreditaciones a nivel nacional e internacional, lo que significa un certificado de excelencia. Y la intensa tarea desarrollada en el área de cultura. Si pensamos en todo esto y lo comparamos con aquellos orígenes de la FAVE en 1961 o los comienzos como Facultad de Veterinaria en 1999, el sentimiento de orgullo y satisfacción al mirar atrás es enorme. Hoy tenemos la inmensa responsabilidad de continuar la línea de nuestros antecesores y plasmar lo que ellos soñaron”.

¿Cómo afectó la vida académica el distanciamiento social dispuesto el año pasado?  

“Siempre se destaca como ventaja comparativa de nuestra Facultad el contacto estrecho entre docentes y alumnos, las prácticas intensivas y la vinculación con el medio. El año pasado lamentablemente tuvimos que suspender muchas actividades presenciales. Aunque quiero destacar el enorme esfuerzo de las distintas secretarías para desarrollar las clases virtuales y los exámenes. Este año aspiramos a retomar paulatinamente las actividades presenciales, que en una Facultad como la nuestra son fundamentales”.

El 2020 quedará en la historia por la pandemia. ¿Qué aspectos resaltaría de los aportes realizados por la Facultad y la Universidad ante la emergencia?

“La Universidad y la Facultad estuvimos a la altura de las circunstancias y se salió al cruce con muchas cuestiones que ayudaron, desde aspectos más simples como la elaboración de protocolos, campañas de concientización, provisión de mascarillas o productos sanitizantes, hasta temas más complejos como la prueba de respiradores, que implicó la cuestión inédita de mantener un cerdo anestesiado durante 24 horas. También participamos en el comité de emergencia local y pusimos a disposición conocimientos, logística, equipamiento e infraestrucutra, porque la incertidumbre era muy grande”.

¿Cómo imaginan la proyección de la FCV en los próximos años? ¿Cómo será la educación del futuro?

“Todo cambia: el mundo, la vida y también la educación. Cuando yo ingresé a Veterinaria, había una visión más médica. Después se fue vinculando más a la producción. Y luego se hizo preponderante la tecnología. Creo que el trabajo de los futuros veterinarios tendrá que ver con el manejo e interpretación de la información y con la toma de decisiones, más que con el contacto estrecho con el animal. Todo eso cada vez más ligado a la tecnología y a la medicina humana pensando en una salud. Esa tendencia ya se puede avizorar y se profundizará en los próximos años”.

 

PERFIL

Humberto Luis Occhi. Médico Veterinario y Magister en Ciencias Veterinarias. Profesor de Microbiología. Desempeñó diversos cargos de gestión: Secretario de Ciencia y Técnica, Secretario de Extensión, Consejero Directivo y Superior. Elegido como decano de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNL en 2014, transita actualmente su segundo mandato. Fue Presidente del Consejo Nacional de Decanos de Veterinaria (CONADEV) e integrante del Consejo Directivo del INTA.

UNA FOTO PARA LA HISTORIA

Humberto Occhi junto a los ex decanos de Veterinaria, Horacio Cursack, Federico Lüchter, Eduardo Baroni y José Peralta.

LA FRASE DESTACADA

“Si pensamos cómo empezó la FAVE en 1961 o la Facultad de Veterinaria en 1999, y comparamos con lo que vemos hoy, el sentimiento de orgullo y satisfacción es enorme”.