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Arde en opiniones la comunidad artística plástica por un premio

Los premios artísticos son parte del hacer cultural.  Los mismos son parte de la visión de personas capacitadas que se elevan por sus conocimientos y criterios sobre el resto de los artistas que participan de los concursos en el mundo de las artes.

Los comentarios por la aprobación o desaprobación, e incluso la aceptación por parte del público entendido y los artistas, sobre la decisión de los jurados, son parte del folklore del mundo artístico, en cualquier comunidad del mundo.

Sin embargo, en el último Salón Anual esos comentarios se multiplicaron levantando su voz y se divulgaron ya fuera de la comunidad artística local y regional.

Tal es así que persisten y ante ello, el concejal de la ciudad y licenciado en Ciencias Políticas Eduardo Kinen, ingresó al mundo de las opiniones desde un plano más oficial y serio que desde un simple comentario ejecutado en el anonimato.

“La última picada”
Por Eduardo N. Kinen

Atentos a repercusiones y comentarios de diversa índole sobre uno de los premios otorgados, aprovechamos la tarde del último y lluvioso domingo de la muestra del XXIII Salón Anual Temporada 2018 para ir al Museo de Arte “Héctor Borla”.
Situado en la Casa de la Colonia, el “Borla” se ha transformado en una especie de epicentro de las actividades vinculadas al arte plásticas de nuestra ciudad siendo, además, sede la Asociación de Artistas Plásticos Esperancinos.
Hecha esta introducción nos abocamos al evento mencionado.

En el mismo, la obra “La última picada” del artista Nicolás Bassi obtuvo el tercer premio Adquisición. Premiación que, sumada al hecho de que la mencionada obra pasará a formar parte del patrimonio de la institución, provocó consideraciones en la comunidad artística esperancina.

Con referencia a las cualidades y atributos de “La última picada” hemos escuchado planteos tales como: ¿se trata de una obra de calidad artística de significación?
¿Es simplemente una decorosa manualidad, suerte de empeñoso trabajo muy distante de una obra artística de nivel?
¿Es realmente una obra desafiante, con un alcance o sentido político, o es sólo una parcialidad expresiva que tuvo que ser explicitada (hecho que según los entendidos no debe ocurrir con una obra de arte) para que se la “comprenda”?
Frente a esta situación que evidentemente ha impactado en el establishment cultural esperancino y que, ya finalizado el XXIII Salón Anual Temporada 2018, sigue provocando repercusiones, desde nuestro profano lugar de neófitos observadores de obras de arte, nos atrevemos a proponer que para la próxima muestra podría implementarse una variante de arte efímero o ampliarla a una “performance participativa” o performance art, donde la experiencia sea más importante que el “objeto obra”.
Sintetizando: Esperanza cuenta con muchos establecimientos que elaboran exquisitos chacinados. Entonces, al mejor estilo del recordado Federico Peralta Ramos, o de nuestra comprovinciana Nicola Costantino – cuando sostiene que el arte efímero es «una alternativa muy contemporánea» en la que hay que otorgarle “más valor al disfrute de la experiencia” – sugerimos que para la próxima edición del Salón Anual se redireccionen los recursos que se destinan a un premio como éste y compartamos unos ricos bocadillos, los participantes podemos colaborar con la bebida y, por supuesto, ya inmersos en esta concepción de “arte vivo o arte de acción” brindaremos para que esa picada no sea «la última».

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