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Breve secuencia de algunas ideas fundamentales de Perón

Mauricio Yennerich.

Las biografías de Perón son laudatorias o condenatorias, raramente ecuánimes. La idea de esta nota es evitar los extremos de animosidad, buscando elementos fundamentales en la evolución de sus ideas. Si bien la fuente de información y análisis es un artículo de la Revista Estudios Sociales de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), escrito para el Número 8 de 1995 por Ricardo Sidicaro, titulado “Contribuciones para el estudio de las Ideas Políticas de Perón”, no se le pueden atribuir a este científico social, los argumentos esbozados más abajo.

Por otra parte, tras conocerse la noticia de que Cristina Fernández cedía la candidatura a la presidencia, se resaltaron sus dotes de estratega, incluso con citas directas de la Doctrina de Perón, ahora bien ¿hay una doctrina peronista coherente y conceptualmente válida capaz de interpretar a la sociedad sin los atributos del mando militar? Imposible responder cabalmente a semejante interrogante en el espacio que concede una nota periodística, pero vale la pena reflexionar a partir de ciertas simplificaciones, acerca de ¿Qué tan brillante era Perón para pensar, no la cuestión militar, sino la cuestión social y política?

En 1930, siendo Capitán del Ejército, Perón, está deslumbrado por la Alemania Nazi y la Italia de Mussolini. Es el año de su participación en el golpe contra Irigoyen, actuación que, quizá tan justificada como poco decorosamente, el Teniente Menemista Martín Balza niega. Perón promueve, en esos años, en la Escuela Superior de Guerra, la noción de “nación en armas” y la “conducción”, entendida como atributo natural, de personas con “predisposiciones innatas”.

Hacia el 43, empieza a expresar ideas desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. El objetivo es un Estado mediador capaz de conciliar los intereses del capital y el trabajo, para evitar la lucha de clases.

Al año siguiente, como Ministro de Guerra, proponía planificar la Industria pesada, especialmente bélica, basado en una lectura que vio una larga duración del conflicto bélico mundial, a un año de concluirse.

En 1946, entre los primeros resplandores de la hegemonía norteamericana, Perón se manifiesta anti-imperialista. Lo hace menos por convicción, que por reacción al Cabildeo doméstico que la embajada de Estados Unidos hacía a favor de los opositores.

Entre 1946 y 1955, aunque los cambios reales no fueran tan significativos, los discursos de Perón proponen la revolución social, política y económica, en dirección hacia la “comunidad organizada”, utopía que se encontraba en el justo medio entre el individualismo liberal y el colectivismo marxista. Aparece entonces, fuertemente impregnada de tintes anti-imperialistas, la idea de Justicia Social, sucedánea, en la doctrina, de la soberanía política, utilizada, en los hechos, como herramienta de distinción entre argentinos y no argentinos. Del mismo modo, la independencia económica varió, según las épocas, desde la nacionalización a los beneficios del capital extranjero.

Tras el destierro del ´55, va a precisar el contorno de quienes incluye entre sus adversarios; se trata de la oligarquía, el clero y un “ambicioso” sector de las Fuerzas Armadas.

En el plano de las relaciones internacionales, se sintió identificado con Mao Tse-Tung, Fidel Castro, De Gaulle, Indira Gandhi o Haile Selassie, convocados por él –imaginariamente- a ser parte de una resistencia del Tercer Mundo ante el avance de la sinarquía. Noción lábil, que incluía tanto a los imperialismos ruso y norteamericano, como la masonería, la Iglesia Católica y el Sionismo.

En los ´60s aparece la “juventud maravillosa”, a la que Perón dedica algunos razonamientos favorables a un sindicalismo radicalizado. También surge la penumbrosa idea de un socialismo nacional, fomentando así, las organizaciones guerrilleras.

Con el retorno del ´73, florece una visón más pluralista, de concertación con la oposición y de enfrentamiento directo con los jóvenes radicalizados que reclamaban más participación en el poder y con los trabajadores sindicalizados que pedían mayores salarios de los que, supuestamente, el empresariado podía pagar.

En definitiva, la fraseología militar cargada de “estrategia”, “táctica”, “conducción”, etcétera, utilizada por Perón para pensar la política, hizo que la utopía de la “comunidad organizada”, exacerbara la violencia política. Luego de su muerte, ocurrida el 1ero de Julio de 1974 y tras dejar el movimiento, por él creado, en una situación crítica de profundo desorden, la sociedad Argentina quedaría sumida en una crisis institucional, económica y política que desembocaría en el Golpe de Estado perpetrado en 1976.

 

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