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El caso Rafaela y las políticas de especialización flexible pos-fordistas

Mauricio Yennerich.

El diagnóstico a partir del cual se le dio impulso a las políticas de desregulación y privatización, que venían a restituir los mecanismos reparadores del mercado, fue suministrado, originalmente, por la Comisión Trilateral, una organización internacional privada, fundada en 1973 por iniciativa de David Rockefeller.

El expediente económico político, logró imponer, como causa fundamental de la crisis, la excesiva presencia del Estado en la economía.

En los `90, figuras como la de Omar Perotti, promotores de un neoliberalismo de manual, que sin embargo ha mutado de piel, hicieron que tales políticas adquieran capilaridad, presencia y proximidad entre la población santafesina. Como ministro del Gobernador Obeid, el rafaelino, fue coordinador principal de la Privatización del Banco Provincial de Santa Fe. A diferencia de otros funcionarios y políticos –Juan Carlos Mercier, Rogelio Frigerio (h), Jorge Perotti, Javier Bolzico, Hugo Garnero-, las actuaciones de Perotti, no se limitaron a las de un simple ejecutor disciplinado. Si bien este obediente privatizador, pensaba la economía en términos de “equilibrio de mercado”, su discurso contaba con un elemento adicional: la cooperación. Es decir, que si bien actuaba suiguiendo los manuales neoliberales a rajatabla, incorporó una fraseología que procede de visiones alternativas al credo neoliberal y tiende a la construcción de sistemas de acumulación territorial para la innovación.

Estas visiones alternativas activaron los Distritos Industriales, los Clusters y los medios innovadores. Sin embargo, el nuevo capitalismo distrital, industrial y flexible, encontraría sus límites en el “localismo”, presentado como “reacción” a los ajustes, que se ofrecieron como “necesarios” tras la rotura del equilibrio, imputada por las vertientes conservadoras, a las políticas de Sustitución de Importaciones y del Bienestar.

El caso de la ciudad de Rafaela, cuya intendencia estuvo a cargo de Perotti entre 1991 y 1995, permite una exploración empírica de esos límites. Esta ciudad, fue presentada como caso “prototípico de distrito industrial”, a partir del cual se evaluó el éxito de las políticas acordadas en el Consenso de Washington, adoptadas por la gestión del Presidente Menem, en perfecta sintonía con la gestión provincial de Obeid y municipal de Perotti. Como evidencia

de ese romance, en 1995, la administración rafaelina recibió el “Premio Nacional a la Calidad Total”.

Si la viabilidad política de las formulaciones localistas es muy cuestionable, un análisis teórico, expone carencias tan agudas, que parecen capaces de invalidarlas.

Sin embargo, los voceros del consenso, consideraron que era lícito comparar esta experiencia, con otras en el ámbito internacional y la performance económica de Rafaela, les brindó los insumos necesarios, pues esta ciudad mostró una notable capacidad de adaptación e incluso de crecimiento, durante la des-industrializadora de los `70. Es decir, mantuvo actividades que, históricamente, se efectuaron en ella: agroindustriales y manufactureras diversas, químicas y metalmecánica. Conservó su aglomeración de empresas industriales, su densidad institucional y mostró un impulso considerable. El censo 2001 de la Organización Internacional del Trabajo, muestra que, entre 1985 y 1994, esta ciudad sufrió una escasa reducción en el número de empresas (2%, contra 20% de la provincia). En materia de innovación, mientras Santa Fe caía estrepitosamente, en el mismo período, Rafaela experimentó una mínima variación. Asimismo, las exportaciones del país, que en el período bajo observación, que va del año 1984 a 1997, se desplomaron a nivel nacional, encontraron en Rafaela, apenar algunas sutiles modificaciones. De allí, los voceros calificados del consenso de Washington, dedujeron que la estrategia a futuro, implicaría alentar la localidad.

Ahora bien, ¿es viable esta pauta organizacional para las 365 localidades que configuran la provincia de Santa Fe de la Vera Cruz?

No. No lo era y no lo es. Pues hay que tener en cuenta las especificidades históricas y las matrices de poder que emergen “espontáneamente” como distritos industriales. No parece muy realista reproducir patrones pymes en el contexto global, donde comanda el complejo empresarial financiero, bajo coordenadas liberales conservadoras.

A escala provincial, durante los gobiernos alternados de Reutemann y Obeid, Santa Fe mostró un comportamiento territorial que parece diseñado por los Organismos Financieros Internacionales. Con el Producto Bruto Geográfico (PBG) en crecimiento, la provincia, seguía experimentando desindustrialización. Esto es lo que se presentó como “caída del índice de empresarialidad”, que pone en relación, empresas industriales y volumen de población. Ese indicador muestra un signo negativo del -29 % para la provincia y del -32% para el Norte santafesino, región particularmente afectada y vulnerable.

En conclusión, los resultados están a la vista y no fueron ni el equilibrio ni la convergencia, sino el agravamiento de las diferencias socio-territoriales.

Por lo tanto, no es consistente dar respuestas fragmentarias desde lo local a los efectos de las políticas de ajuste estructural.

El Doctor Víctor Ramiro Fernández –una eminencia en materia de Teoría Económica y Política, Escalas de Análisis y Situación Periférica-, considera que las formulaciones basadas en los distritos industriales y la especialización flexible, tienen limitaciones, tanto teóricas, como empíricas.

Personalmente creo, que la irrelevancia teórica y las escasas implicancias prácticas de esta perspectiva, podrían ser un mal menor, si se la compara con el reclutamiento que se llevó a cabo en nombre de estas doctrinas, en el Centro de Desarrollo Empresarial-BID, de donde proceden cuadros como Mauricio Caussi Bonetto, funcionario de la Gestión Municipal de la Sra. Ana María Meiners, en calidad de subsecretario de la Producción, hasta fines de 2017, y Gustavo Zenclussen, director del Instituto Tecnológico “El Molino” (ITEC), quienes actúan como predicadores locales de estas limitaciones y las presentan como virtudes. Más aún, la cuestión de la relevancia teórica y empírica de las formulaciones basadas en la especialización flexible, empalidece al lado de la evidencia, recabada en investigaciones recientes, que indica, que éstas políticas se sustentaron en la práctica de regalar los bienes públicos, a los amigos del poder, a cambio de favores.

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