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El concepto abierto de marginalidad y de periferia y su corrimiento del escenario de afuera hacia el centro

Cuando hablamos en la Argentina y en el mundo de la marginalidad y de la periferia, creemos que hablamos únicamente «de esa gente» que vive en las villas miserias.
Pero no es así. Culturamente los grupos periféricos son «los de abajo». Los más pobres. Cuando en realidad, los más pobres no son periféricos sino “descartados” para la nueva cultura económica que se intenta imponer nuevamente en el mundo. La «periferia» en realidad, se define a si misma como aquél grupo o sector de la sociedad que vive en «la marginalidad». Y la «marginalidad» no es sólo «la de abajo» sino además «la de más arriba”.

La de los que «nunca han sido pobres». Esos seres humanos también son «periféricos». El hecho de que sean muchísimos menos, no los deja de hacer «marginales». Viven fuera de la cultura y “por encima”  de la clase rica, media y pobre. Son la clase de «los muy ricos» y que hoy son presidentes de países o de corporaciones financieras como el FMI.
Los de muy arriba y los de muy abajo son los «seres de la burbuja», los que no entran en los noticieros, los «invisibles».

Lo periférico y el poder de la cultura de lo marginal
El síndrome de “la noticia con sangre entra” está enajenando las razones de la vida real.
Los niveles de perversidad del periodismo aumentan, como el grado de morbosidad que se muestra.
Los noticieros y los medios gráficos que hacen de las noticias policiales tapas diarias y volumen mayoritario de sus informaciones, pasando a segundo plano lo que sucede con la vida de la mayoría, son una marca registrada de la nueva cultura.

Corrimiento del poder, de la marginalidad al centro
Un ejemplo vitalson los periodistas de policiales. Hace no muchos años atrás eran «el patio trasero» de un noticiero. Hoy son estrellas que conducen y co-conducen a los mismos. Son incluidos como parte vital del staf en programas hasta de chimentos, y tienen sus propios espacios televisivos.
Los temas policiales son el 80 por ciento de la producción televisiva, haciendo de lo marginal el centro del interés de la comunidad nacional.
Hasta hace poco tiempo el periodista de policiales era marginal en un programa televisivo o en un diario, porque atendía a hechos ejecutados por seres marginales. Esos seres marginales hoy están en el centro de la escena. Las cárceles con personajes siniestros o criminales, son parte del menú laboral de la actualidad.
La marginalidad se ha corrido hacia el centro, y eso es el interés de quienes hacen al negocio periodístico.
Incluso la marginalidad es utilizada como progresismo. Y los grupos de vidas marginales imponen hasta la necesidad de leyes en su defensa y van «corriendo» hacia afuera a codazos y piedrazos a las mayorías.
Desde la música hasta las leyes de la natalidad, desde la seguridad hasta los derechos sociales, los nuevos «soldaditos» de los de más «abajo» cumplen funciones y empoderamientos funcioales a los intereses de los «marginales» de «más arriba» de los «pocos muy ricos». Si están «a la derecha» o si están «a la izquierda» no tiene importancia alguna.
Los ricos son los que abren «las grietas» pero jamás caen en ellas. Para éso tienen a sus «soldaditos» colectados mediante el sistema comunicacional tradiconal o tecnológico.
A veces los seducen, otras los engañan y a millones los emponzoñan haciéndolos pensar, sentir y vivir en el barro del odio.
Mientras, los grupos marginales son los «progres» que construyen legislaciones y organizan movimientos nacionales e internacionales apoyados en la parafernaria comunicacional de los medios tradicionales y del internet.
Eso profundiza el corrimiento. Del poder de la periferia, al centro de la escena. Y saca a las mayorías del poder real. Especialmente a la clase media y la familia tradicional. A esto se le llama el «nuevo orden mundial».

El descerebramiento
Indudablemente, el desplazamiento de la normalidad, ha traído el descerebramiento de la sociedad, apoyados en una tecnología masiva dondecualquier y todo desconocido, da opiniones como si fueran una cita sagrada de Martín Heidegger o de Inmanuel Kant.
Desculturizar es la regla máxima de la marginalidad. Romper con el pasado y cambiar contra toda cultura establecida. Este es el cambio.
Indudablemente la sociedad se ha “idiotizado”. En el término del buen castellano al decir de “se ha embrutecido” o se “ha vuelto torpe”. Incluso se ha viralizado un nivel del discurso que raya lo onomatopéyico.
El periodismo considerado de avanzada es el que monta un show creíble, donde la verdad ha dejado de importar. Es lo que llaman la “era de la pos verdad” donde incluso son premiados sus excelsos representantes. A pocos les importa si los informes son verdad o mentira.
La marginalidad, teñida de progresismo y como un potro cabrío de pelo pintado, ha tomado el centro del escenario en la Argentina y pone a toda la sociedad como rehén de ese nivel de comunicación.
Lo “normal”, el 95% de la sociedad ya no importa.
A decir verdad, tampoco al 95% le importa demasiado, porque cada uno está en lo suyo y el resto está en el shoping.

 

         Daniel Frank

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