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COVID-19: proteger a los trabajadores de la salud

Alrededor del mundo, mientras millones de personas permanecen en sus casas para mitigar la transmisión del síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2, los trabajadores de la salud hacen exactamente lo contrario. Ellos irán a clínicas y hospitales poniéndose a sí mismos en alto riesgo, ante el COVID-19. La Comisión de Salud de China muestra que más de 3300 trabajadores de la salud han sido infectados desde principios de marzo y, de acuerdo a los medios locales, a fines de febrero al menos 22 han muerto. En Italia, el 20 % de los responsables de la atención de la salud fueron infectados y varios han muerto. Los reportes de los equipos médicos indican agotamiento físico y mental: a la atormentadora y dificultosa decisión del triaje*, al dolor de la pérdida de pacientes y colegas, se suma el riesgo de infección.

Como la pandemia se ha acelerado, el acceso al Equipamiento de Protección Personal (EPP, o PPE por sus siglas en inglés: Personal Protective Equipement) de los trabajadores de la salud es clave. El personal médico tiene prioridad, pero el acceso al EPP ha sido descripto como dificultoso en muchas instalaciones. Algunos staffs médicos esperan por el equipamiento mientras atienden pacientes, los cuales podrían estar infectados, o lo hacen con equipos que podrían no reunir todas las condiciones requeridas. Junto a lo concerniente a su seguridad personal, los trabajadores de la salud están preocupados por contagiar la infección a sus familiares. Hay personas de los centros de salud que cuidan padres ancianos o niños pequeños, drásticamente afectados por el cierre de escuelas, las políticas de distanciamiento social y la disponibilidad de alimentos, entre otras cosas esenciales.

El sistema de salud global podría estar operando por encima de su capacidad en pocos meses. Pero los trabajadores de la salud, a diferencia de los respiradores o las salas, no pueden ser fabricados con urgencia o funcionar al 100 % de su capacidad durante tiempos prolongados. Es vital que los gobiernos no vean a los trabajadores de la salud, simplemente, como peones que se despliegan en un tablero, sino como individuos humanos. En la respuesta global al brote, la seguridad del personal de salud debe estar garantizada. La adecuada provisión de EPP es sólo el primer paso, otras medidas sensatas pueden ser consideradas, incluyendo la cancelación de eventos no esenciales para priorizar recursos, la provisión de comida, el descanso y el apoyo psicológico y familiar. En este momento, los trabajadores de la salud son, en todos los países, el recurso más valioso.

 

*El triaje, trillado o cribado, es un protocolo de internación por medio del cual se selecciona y clasifica a los pacientes, evaluando prioridades de atención y privilegiando posibilidades de supervivencia.

Fuente: “COVID-19: protecting healt-care workers”, The Lancet, Vol. 395, March 21, 2020).

 

Traducción: Mauricio Yennerich