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Crónica de una noche que mantuvo en vilo al gobierno nacional

Luego de la reunión del viernes entre representantes del Poder Ejecutivo y los gobernadores en la Cámara de Diputados en donde se acordó la aprobación de la reforma previsional, los mandatarios provinciales se comprometieron a volver el lunes al recinto para ponerle el cuerpo al Pacto Fiscal que habían firmado con la Casa Rosada. Con el correr de las horas, lo que en principio sería una conferencia de prensa mutó a un simple anuncio, que finalmente fue solo una foto. Algo pasó en el medio. No hubo pronunciamientos y ningún mandatario se dejó ver en la zona del Congreso una vez que se inició la sesión especial por la reforma previsional.

Ante esto, como nunca antes el Poder Ejecutivo montó un “operativo guardia” en la Cámara baja con sus principales espadas. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, el jefe y vicejefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, con su segundo, Sebastián García de Luca, llegaron al despacho de Emilio Monzó al mediodía y, según confirmó Infobae, se quedaron hasta, al menos, las 6:43 de la madrugada. La reforma se aprobó a las 7:05 con 127 votos positivos y 117 negativos.

El menú de la velada fue variando. Al mediodía comieron empanadas, a la tarde masitas y por la noche pidieron milanesas, con una antesala de cazuelas. En este ambiente, la mesa chica de Mauricio Macri siguió con atención los acontecimientos y procuró que no surgiera ningún imprevisto que pudiera torcer sus objetivos. A pesar de los incidentes en las calles de la Ciudad, el objetivo seguía siendo el mismo: que la reforma se aprobara en el Congreso y no tener que forzar el decreto, que ya tenía las 22 firmas de los ministros. 

Los motivos de las presencias eran variados. Los más activos fueron Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli, ya que ambos se encargaron de monitorear el operativo policial, a cargo de la Policía de la Ciudad. El jefe de Gobierno lo hizo desde la televisión, mientras que al vicejefe se lo pudo ver salir a la calle para hablar con los oficiales. 

Muchos atribuyeron la presencia de Vidal a que será la principal beneficiaria del acuerdo con los gobernadores, ya que las reformas, y puntualmente la jubilatoria, permitirán que la gobernadora reciba dinero para obras y que se le actualice el Fondo del Conurbano, uno de sus mayores reclamos y por el que ahora pasará a recibir $65 mil millones (antes cobraba 650 millones de pesos).

Frigerio y De Luca hicieron presencia por su arduo trabajo como negociadores con los gobernadores, labor que no nació para lograr el pacto Nación-provincias, sino que se viene forjando desde que Mauricio Macri llegó a la presidencia. No querían dejar nada librado al azar y mucho menos dar margen para alguna “sorpresa” del bloque Argentina Federal, clave para que Cambiemos hoy se retirara con una sonrisa.

Marcos Peña cumplió el rol de jefe de la tropa. Era los ojos y oídos de Mauricio Macri, que también siguió de manera permanente lo que sucedía. Los desmanes en las calles por la tarde y el cacerolazo masivo -y espontáneo- que invadió las esquinas de los barrios porteños no fueron imágenes que contentaron al mandatario. Necesitaba esta victoria y saber que seguía en pie lo acordado con los gobernadores.

Si bien este grupo lo formaron los integrantes permanentes del cónclave, hubo dos asistencias de manera intermitente. La más constante fue la de Emilio Monzó, que llevaba el “poroteo” de la votación y era el interlocutor entre la Casa Rosada y la bancada oficialista. Los votos de los diputados de Santiago del Estero fueron la duda constante. Finalmente 4 votaron en contra, uno a favor y el restante se abstuvo.

Antes de las 4 de la madrugada, cuando el cansancio ya se había apoderado de todo el recinto, el presidente de la Cámara mostró lucidez para frenar una maniobra que estaban llevado a cabo legisladores de Cambiemos y de Argentina Federal. Garantizados los votos, querían dar por finalizado el debate y llamar a una votación sin consultar al resto de la oposición, lo que habría generado un clima aún más caldeado de lo que había estado. Era la frutilla del postre para una jornada caótica. Pero Monzó frenó la idea a tiempo y la sesión continuó normalmente durante más de tres horas.

También hizo apariciones Elisa Carrió, quien durmió en el despacho y hasta se animó a estar en bata y descalza. Otros dos que pasaron fueron José Torello, jefe de asesores de Macri, y Guillermo Bardón, ex asesor de Monzó y diputado provincial de Buenos Aires.

“Hubo buena onda entre todos en todo momento”, confió uno de los presentes. Esto quedó demostrado cuando se aprobó la iniciativa, lo que dibujó la imagen final, tras casi 20 horas de encierro: besos, abrazos y gritos de victoria generalizados.

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