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El debut del movilero y el derecho a la buena prensa para la Democracia

Por Mauricio Yennerich.-       Mi abuela –una hermosa y luchadora mujer, más hermosa aun como persona– solía decir: se dice el pecado y no el pecador. Esto que les voy a contar sucedió en Esperanza y por respeto a los protagonistas, no los mencionaré con sus nombres reales, pero la anécdota, a partir de la cual quiero elaborar los argumentos centrales de esta nota, está “basada en hechos reales”, se lo garanto.

Una mañana como cualquier otra, excepto para “El movilero” quien, en la radio más escuchada, se desempeñó siempre en horarios nocturnos, marginales y ese día hizo su primera experiencia en un horario que, desde siempre, es el más escuchado: la mañana, o “la segunda mañana” para ser más exactos.

Eran tiempos electorales. La producción decidió hacer consultas relacionadas con las preferencias electorales de la gente. Hubo que salir a preguntar, entre los ocasionales transeúntes ¿A quién votará usted y por qué?

A eso de las diez, diez y media, el movilero salió a la calle a realizar la encuesta. Al aire, en vivo y en directo.

 

Adelante móvil

Esa fatídica mañana, por los parlantes de la cabina del operador, entre el sonido de un mate que se termina, la monocorde voz de un vendedor de publicidad que llegaba desde la sala que está en la entrada principal, el estridente y marcial tenor de las teclas de una Olivetti –reliquia– y de un teléfono que nadie se dignaba a atender, se escuchó:

–Diez de la mañana, treinta y seis minutos, seguimos en la mañana de la radio. Se acercan las elecciones y queremos saber cuáles son las preferencias de la gente, por eso hoy vamos a preguntar en la calle, ¿a quien van a votar y porque?, para eso está el Móvil, te damos la bienvenida, ¡adelante móvil!

–Gracias compañeros en estudios centrales –respondió la voz nerviosa pero firme del movilero–, como bien decían, estamos preguntándole a la gente sobre su intención de voto, acá estoy con un señor: ¿su nombre?

–Patricio

–Es de acá de Esperanza

–Sí, sí…

–Muy bien, Patricio ¿A quién tiene pensado votar y por qué?

–Bueno… –responde  el encuestado– yo voy a votar a Miguel Renzi, porque creo que tiene honestidad, trabaja con las instituciones, además es una buena persona, muy buena, yo lo conozco hace años y me parece excelente persona, muy querida en Esperanza… – agregó.

Entre “patatín y patatán”, hablando maravillas del candidato Renzi, la cosa iba viento en popa para el movilero, excepto por un detalle: en los estudios centrales no tardaron en sospechar tanta empatía entre el encuestado y el candidato Renzi y tras deliberar unos pocos minutos y subir el volumen del retorno para escuchar con total claridad su voz, concluyeron que la persona encuestada era el mismísimo Miguel Renzi, candidato.

Y no se equivocaron.

 

Se nos llena la cabeza de preguntas

Preguntémonos: ¿A qué clase de gobierno le podría interesar que en los medios predominaran figuras como las del movilero timado en su buena fe?

No nos cansamos de insistir: las sociedades más desarrolladas, desde los países nórdicos hasta los EEUU valoran y protegen la prensa de altísima calidad, porque saben que es una garantía para la Democracia y saben además el valor que tiene la información clara y confiable. Incluso Noruega y Finlandia, a la vanguardia en desarrollo, se han mostrado favorables a los formatos periodísticos en papel y tipo tabloide.

Sabemos que el movilero no distingue, que no lo hace de malo, le daría lo mismo un curandero como Favaloro, para él rigen, como para pocos, las máximas de Cambalache y no es extraño escucharlo presentar a un licenciado sin brillo como si fuera el mismísimo John Maynard Keynes.

 

“Solito al corral”

El control de la prensa es el primer requisito de un mal gobierno. Las dictaduras han sido implacables con los periodistas críticos, en general, el poder, desde tiempos inmemoriales, nunca se bancó los cuestionamientos bien argumentados. Ahora la ignorancia y la necesidad, por separado o combinadas, producen el tipo de periodista militante que aparece hasta debajo de las baldosas últimamente y es la otra cara visible de nuestra Argentina de bandos.

El buen periodismo tampoco es algo que se consigue fácilmente, lleva años, muchos años, formar buenos profesionales en esta materia y a menudo, quienes logran niveles aceptables de excelencia, no están eximidos de sucumbir al encanto de rentar sus opiniones y argumentos.

Los malos gobiernos no son los únicos causantes del problema, están los equipos de gestión de los medios y los empresarios que, irresponsablemente, sabiendo la diferencia, miran para otro lado.

Entonces, por un periodismo inteligente, respetuoso, ejercido con “conocimiento de causa” y capaz de ser saludablemente punzante. ¡Salud!

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