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Y un día de sol volvieron “Los Teros”

Apasionados y persistentes. Plantados “a cara de perro” contra el rival que fuere. Sin diferencias sociales, culturales, religiosas. Unidos como soldados y gladiadores hijos de una sola estirpe. Defendiéndose en la Diamante y en la vida. Sacrificados, con agua, barro, sol de 40 grados, sin rendirse jamás, espalda contra espalda: “Los Teros” fueron y son lo más grande del sóftbol en la historia de Esperanza.

Y un día volvieron… Primero los hijos, los amigos de los hijos, luego, con canas pero llenos de entusiasmo, los “originales” de entonces; con la voluntad de hierro de apuntalar a sus hijos y a los más pibes de Esperanza en sus sueños humanos y deportivos.

 

Fueron llegando en bici, en motito, en auto a la cita hace unos tres meses.

 

El catcher se calzó la careta y el guante. Valiente. Los bases, el short stop, los filders, tomaron posición d ecampo, y el pitcher lanzó la primera bola en el predio popular del ex Ferrocarril. Y el sonido del bate chocando la pelota fue como si se les electrificara todo el cuerpo.

Los pibes revolcaron la falta de experiencia por el piso y se llenaron de pasto y tierra. Los padres revolearon la pelota y en cada una de ellas se esfumaban  los años y una a una las canas.

Y un día volvieron… Bate, pelota y guante. Las bases, las pinturas de cal, los “seguro” y los “out” para que la tierra tiemble en cada discusión.

 

Los pibes sentados a los pies de los padres, escuchando las anécdotas de sus viejos, enamorándose del juego, y plantando bandera. De pronto aparece una luz en la historia, y el rostro de Juan Potolichio se enciende en el campito del Barrio Sur.

El mejor pitcher juvenil del mundo, el único deportista internacional de la disciplina en la historia de Esperanza, el ternado para el Olimpia de Plata, el que paseara su arte por los Estados Unidos y Venezuela ante las multitudes, el único esperancino y uno de los escasísimos santafesinos integrantes de la selección argentina.

Juan, que nos puso a los esperancinos y a Esperanza en el mejor nivel mundial del sóftbol.

Los martes y jueves a las 20 es la cita en el predio del Ferrocarril. Los miércoles de cada mes es el asado.

“Los Teros” ya carretean y quieren volar otra vez por el cielo de Esperanza y Paraná, la “Catedral del Softbol argentino”.

Créalo Esperanza, la leyenda continúa.                                                                                                                              Daniel Frank

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