Sign in / Join

El factor Kulfas

Lejos de las luminarias más intensas, que apuntan al doctor Martín Guzmán, ministro de Economía, y al propio presidente, el doctor Alberto Fernández, Matías Kulfas, profesor, economista y doctor en Ciencias Sociales, ministro de Desarrollo Productivo de la nación, ha logrado una posición menos expuesta a la opinión pública, pero no por ello menos fundamental. ¿Cuáles es, en líneas generales, su pensamiento político y cómo plantea la salida a la crisis y el crecimiento económico? Podemos responder someramente a este interrogante, revisando su cuenta de Facebook y un ensayo publicado en la revista Anfibia, de la Universidad Nacional de San Martín.
De hecho, hace poco más de un año, escribió en su muro: “Nicolás Maduro produjo un golpe de Estado en 2015, cuando decidió desconocer al congreso” y afirma que en Venezuela hay un “Estado autoritario”, esto que parece tan obvio, para los voceros de las hordas neo populistas, constituye sacrilegio. En efecto, Kulfas sostiene que “Muchos se quedan con el mito de origen del chavismo, pero hace rato que gobierna una casta militar burocrática opresora y extractiva. Chávez intentó salir de la economía del petróleo, desarrollar la agricultura y la industria, luego se puso a nacionalizar empresas. Todo le salió mal. Ni una bien. Gobernaron muy mal”.
Kulfas, que hoy está a cargo de las políticas de desarrollo productivo, fue subsecretario de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional, director del Banco de la Nación Argentina y gerente general del Banco Central de la República Argentina, su referencia actual es el Grupo Callao, una escisión de economistas y políticos provenientes de la cantera del kirchnerismo, liderados por el doctor Fernández pero con un vuelo más democrático, liberal, con afinidades profundas con la heterodoxia y el industrialismo.
Ha escrito cuatro libros: Postales de la Argentina productiva (2009), Las PyMEs y el desarrollo (2011), Los tres kirchnerismos (2016) y Pensar la economía Argentina (2018). Para un acercamiento de cabotaje a sus principales preocupaciones, pude consultarse el ensayo La economía argentina después de la grieta (Revista Anfibia, Universidad Nacional de San Martín).
No es común que las personas dedicadas a la política, se atrevan a decir la verdad. Por eso se han vuelto, históricamente, tan interesantes aquellas con vocación de poder que escriben notas, ensayos o libros. Sarmiento, en el puesto número uno, Alberdi y Mitre, top five, seguro. Más acá en el tiempo, un Ferrer, un Terragno, un Grondona a la droite y un Feimann-Verbitzky a la gauche. Alrededor del mundo, la tarea periodística y pedagógica de Stephanie Kelton y Randall Ray es encomiable y están los consabidos Kissinger, Friedman y Stiglitz.
En el ensayo publicado en la revista Anfibia, Kulfas confronta con quienes postulan que el problema de la debacle argentina se explica por los “70 años de peronismo”. La idea de un proteccionismo espurio y aislacionista, no se sostiene, pues, como argumenta, “Entre fines de la década de 1940 y mediados de la década de 1970 Argentina creció a un ritmo similar a Estados Unidos y Australia, de modo que la brecha se mantuvo estable. Vale agregar una aclaración muy relevante: esos años de posguerra fueron de altísimo crecimiento en la economía internacional y en los países desarrollados en particular, al punto que suele ser denominada como la edad de oro del capitalismo. En esa edad de oro, Argentina creció a un ritmo similar al de la gran potencia mundial y al de su clásico referente de comparación”.
El verdadero rezago comienza a fines de los años 70 y eso no hay economista o científico social, con pretensiones de seriedad, que pueda negarlo.
Su mordacidad y solvencia emergen cuando habla de industrialización. “Argentina”, argumenta, “dejó de ser un país agroexportador hace muchas décadas. La relevancia del sector agropecuario es indiscutible: es el principal generador de exportaciones y de actividad económica en numerosos pueblos del interior. Argentina se destaca por ser uno de los principales exportadores mundiales de soja, trigo y maíz.
Pero el peso de este sector en el PIB es relativamente bajo (en torno al 10%) y su aporte al empleo es muy bajo y tiende a reducirse”. Y concluye que “El agro argentino hace su aporte a nuestro desarrollo, pero con ello solo no alcanza”.
La restricción externa debida a la falta de divisas, la necesidad de sustituir importaciones y mitigar la inflación, están, como manda el manual, entre los problemas más acuciantes. Lo que resulta interesante en su planteo es una visión clásica de la industrialización, basada en uno de los postulados más interesantes de su admirado Aldo Ferrer. A grandes rasgos, el economista planteó que no se pueden desarrollar todos los sectores de la economía a la vez, que se debe elegir uno, obviamente dentro de la rama industrial y procurar que los otros sectores crezcan a la saga de éste. Esa es una visión realista del desarrollo económico, lo era cuando escribía Ferrer e identificaba los problemas de integración territorial del tejido industrial de nuestro país y lo sigue siendo hoy, en la era de los clusters tecnológicos. El ministro es un defensor del conocimiento, de la producción de manufacturas intensivas en mano de obra y en conocimiento. Promueve generar divisas de manera genuina, lo que implica alinear en dirección al desarrollo sostenible “diferentes facetas de la política económica (fiscal, monetaria, cambiaria, productiva y financiera)”.
Sostiene que las políticas de desarrollo productivo deberán priorizar aquellos proyectos que generen un incremento de las exportaciones y sustituyan importaciones de manera genuina. Desde diferentes instrumentos financieros se deberá promover la financiación a tasas de fomento y a largo plazo de los proyectos productivos que avancen en tal dirección.
Una regla sencilla: “a quien genere dólares genuinos, se le debería asistir con financiamiento barato en moneda nacional y a plazos favorables”.
Los clusters tecnológicos y el Green New Deal parecen formar parte de la agenda de ministro Kulfas, quien, no obstante, ha dicho que un “plan económico es mucho más que un Power Point con filminas”. Deberían tomar nota quienes pretenden gobernar desde sus bitácoras, haciendo correr ríos y ríos de tinta inútil, en su obsesión por el “déficit fiscal”.

Mauricio Yennerich