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viernes, diciembre 4, 2020
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El problema no es el sexo sino el poder

Otra vez vienen a la carga. Quieren mejorarle la vida a las personas adultas. Y por ende, van a sacrificar a los niños. Durante los últimos 20 años hemos estado viviendo en un mundo que ha cambiado doctrinariamente. Y se ha usado la sexualidad para esas nuevas doctrinas. Han calificado como machismo -ejercido por una mujer o un hombre- el abuso. Han identificado al patriarcado con el poder despótico, como forma de interpretación de la realidad. Y han organizado en el sistema quienes son y serán las víctimas.

 

Bueno sería preguntarse si se ha mejorado la vida de las mujeres. La respuesta debería ser una pregunta ¿la mujer de quién?.
Posiblemente la mujer de clase media y alta ha mejorado sus condiciones de vida en la generalidad de los hechos. A las otras, a las que están en las castas pobres del sistema mundial la siguen abusando en todas las formas, hasta quitarles la vida o abusando hasta matando incluso a sus hijos.
Es que el tema central no es el patriarcado o el matriarcado, o el machismo o el feminismo, no es una cuestión de sexualidad, sino es poder o no poder.
En el libro “El Banquete”, Platón explica magistralmente la sexualidad griega en la antigua democracia Y muestra con notable eficiencia, como la sexualidad es una herramienta altamente efectiva en los círculos del poder. En lo discursivo y en los hechos. Y define que el tema central y eterno en una democracia o en cualquier sociedad; el centro de la discusión siempre será poder o no poder.
Una razón altamente influyente en el pensamiento del aborto, es la cantidad de mujeres que mueren en nuestro país sin asistencia del Estado. Y es una situación cierta, dolorosa y grave porque los abortos de las chicas ricas son pagos desde hace decenas de años, y los de las chicas pobres son un horror sanitario.
Sin embargo, ambos son ilegales. La diferencia está en poder o no poder. No en la sexualidad de las embarazadas y de sus niños. El centro del problema es cultural y económico pero se decide en poder o no poder. Porque en realidad sólo se define la vida adulta. Si el pobre muere o no muere, porque en ambos casos el niño está condenado por el adulto, por quien tiene y ejerce el poder. Y en ese punto no importa la sexualidad.
Ahora bien, si los números son un problema que muestran la injusticia para con los débiles en el caso de las chicas embarazadas pobres ¿ Por qué no hay marchas en nuestra provincia, país y en el mundo por los niños? Ni organismos de defensa efectivos.
Los niños abusados en nuestra provincia superan por lo menos 100 a 1 a las muertes de chicas pobres embarazadas fallecidas en abortos clandestinos. O incluso a la muerte machista de mujeres victimizadas.
Está claro, que desde siempre, la vida de los niños no está en el interés de los adultos. Al menos en la enorme mayoría de los adultos e infinitamente casi nunca en el interés de los partidos políticos.
¿ Por qué debería importarle a la sociedad en sus mayorías y a los políticos de manera esencial para el mantenimiento de su estatus económico y social, la vida de niños?
Más cuando se trata de niños que todavía ni siquiera han nacido, tal es su desprotección.
Incluso aún cuando los niños no votan. Si es cierto que el dinero no tiene moral, es claro que hoy para los políticos el voto ya no tiene doctrina.
Las doctrinas basadas en la sexualidad, las doctrinas construidas desde el género son una falsedad ideológica y un oportunismo histórico que sirve a los múltiples intereses del mundo de los adultos. Más si hacemos que la vida de los niños apenas se trate de fetos que no valen nada.
Desde la democracia de los griegos ya lo sabemos. El poder despótico no es masculino ni femenino. No pertenece al matriarcado o al patriarcado. Pertenece a la humanidad como una desgracia histórica.

El hecho central de cualquier vida, nacida o por nacer, de una sociedad o de una nación hoy, se reduce a tener las herramientas para poder o no poder. En el marco del único interés que imponen los adultos para construir su propio mundo- incluso a quienes viven y están en sus propios vientres- sobre los cuales pesa la voluntad del poder hoy, que no les van a permitir nacer, por ley, si tienen mayoría parlamentaria.

Daniel Frank