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Esperan lo grabado en cámaras por el ataque a la mujer en el Barrio Sur

Los ataques a personas, con voluntad real o aparente de robo, son un problema que se han manifestado en los últimos días en la ciudad. Incomodan a la policía y meten miedo a la sociedad.

El más violento de todos, con arma y apuñalamiento, la policía lo resolvió en 24 horas. Los dos jóvenes involucrados fueron detenidos, y el menor atacado por el intento del robo de un celular, se recupera en su hogar del daño sufrido.

El último de ellos es ejecutado por dos sujetos, fuertes y robustos, contra una mujer joven en el Barrio Sur, del que ya dimos cuenta en nuestro diario de papel y de internet.

Lo cierto es que los investigadores estarían esperando la resolución de al menos dos cámaras que tendrían los videos del ataque. La información es de estos minutos y de fuentes extraoficiales.

Igualmente que en un caso anterior, los delincuentes no pudieron robarle lo que aparentemente querían robar: la moto. Aún con golpes y supremacía física y en número que por lo menos duplicaba a la víctima, sin testigos y con fuerte castigo físico.

Que las víctimas son víctimas, no hay dudas. Que los atacantes son delincuentes tampoco. Pero hay una pregunta que es evidente, y debe hacerse por riguridad en el análisis inevitable: el móvil.

¿Tan malos delincuentes son que no pueden entre dos hombres, fuertes y robustos, robarle la moto a una persona, en medio de la oscuridad, sin testigos y más si es una mujer? ¿Ese es realmente el móvil?

En ninguno de los supuestos casos de robo de motos, se usó arma alguna, de fuego o blanca, ni siquiera un Tramontina para reducir a la supuesta víctima de robo. Sólo los puños y los pies.

En todo delito, para aclararlo, e ir tras los victimarios, el móvil es vital, esencial, elemental, indispensable casi.

Y seguro, es una de las preguntas que más se hacen quienes son los responsables de la investigación, más allá de los que las cámaras muestren, y de lo que se sepa o no.

 

Daniel Frank

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