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¿De qué hablamos cuando hablamos de “pandemia”?

La expansión de la enfermedad conocida como COVID-19, causada por el síndrome respiratorio agudo coronavirus 2 (SARS-CoV-2, severe acute respiratory syndrome coronavirus 2), continúa dispersándose y el 11 de marzo de 2020, alcanzó 115 países, con 119.239 casos y 4287 muertes. En enero, la Organización Mundial de la Salud (OMS, o WHO World Healt Organization) decidió definir el brote de COVID-19 como una emergencia que concierne a la salud pública internacional, lo que destrabó fondos de financiamiento y otros recursos. A pesar de que el SARS-CoV-2 ahora está presente en todos los continentes excepto en la Antártida, la OMS fue reacia a declarar el brote como pandémico.

El 5 de marzo, Tedros Adhamon Ghebreyesus, director general de la OMS, estableció que mientras la expansión podría estar descontrolada en algunos entornos, aún no era incontrolable y ese es el umbral que hay que pasar para declarar una pandemia.

Sin embargo, el 8 de marzo, Ghebreyesus admitió que la amenaza pandémica se había vuelto muy real y podía ser “la primera pandemia en ser controlada”.

¿Cuál es la razón detrás de la resistencia de la OMS para definir el COVID-19 como pandemia y qué diferencia podría implicar hacerlo? Hay una mezcla de puntos de vista sobre el impacto que la declaración de pandemia podría tener. Por un lado, la declaración de pandemia podría favorecer el cambio de estrategia en el manejo del COVID-19 poniendo en foco la implementación de medidas de distanciamiento social y especial énfasis en el cierre de fronteras, lo que podría ayudar a aplanar la curva epidémica. Asimismo, importantes compañías  de seguro tienen como política pagar reclamos sólo si hay una declaración formal de pandemia de la OMS. Por otro lado, el oficial en jefe de la OMS, Michael Ryan, entre otros, previene contra “los peligros del uso de la pandemia mundial”. Centralmente sostiene que llamando al brote de COVID-19 pandemia, los gobiernos podrían cambiar sus estrategias innecesaria y prematuramente, lo que podría socavar sus esfuerzos de contención.

En lo concerniente a los manejos de contención del brote, dos aproximaciones para el control de la enfermedad pueden ser consideradas: si el patógeno ha disminuido su capacidad de transmisión, contener es tomar medidas que limitan su propagación, dentro de focos bien definidos (por ejemplo: identificación, aislamiento de pacientes infectados, seguimiento de contactos y cuarentenas en pequeñas áreas donde la enfermedad ha hecho su aparición); en contraste, cuando el patógeno empezó su dispersión rápidamente y hay transmisiones locales sostenidas que hacen imposible aislar todos los casos, las medidas de mitigación deben implementarse teniendo como objetivo ralentizar la propagación, dentro del país o región. Medidas de mitigación tales como el cierre de escuelas y suspensión de eventos masivos, son especialmente importantes para evitar la saturación de los sistemas de salud, en caso de una escalada de casos que requieran cuidados intensivos. El control de la circulación en Italia, de cara al rápido incremento de casos de COVID-19, tuvo especial importancia. El tiempo ganado con las medidas de mitigación de la pandemia puede, potencialmente, contribuir a la evaluación de nuevas opciones terapéuticas y, a largo plazo, al desarrollo de la vacuna. La posición actual de la OMS es que todavía es posible que más áreas contraigan el COVID-19, pero una declaración de pandemia podría obstaculizar el compromiso de países individualmente considerados, para poner en acción las medidas que rápida y efectivamente se requieren para contener el brote.

Independientemente de la potencial definición del COVID-19 como pandemia, el contagio del SARS-CoV-2 alrededor del mundo ha puesto en duda las medidas de prohibición de viajes, a las que la OMS se opuso fervientemente y que algunos países han adoptado para reducir el riesgo  de introducir el virus en su territorio. Prohibir realizar vuelos desde países con muchos casos de COVID-19 no constituye una medida efectiva porque no previene la infección de individuos que arriban desde países con una frecuencia intermedia de casos, donde los controles están más relajados. Además, la examinación de viajeros por fiebre usando termómetros en los aeropuertos y pasos de frontera, pierde de vista el 25 % de los casos, haciendo la medida sub-óptima. De hecho, el SARS-CoV-2 puede ser transmitido por personas infectadas asintomáticas, lo que pone en duda el valor de las medidas de control, tales como los exámenes en aeropuertos y pasos de frontera.

Por el síndrome de insuficiencia respiratoria severa en 2003, a pesar de los controles en los aeropuertos, ni un solo caso fue detectado antes de entrar en el país. Las incertidumbres en torno al COVID-19 como pandemia están causando respuestas desarticuladas en diferentes países. La declaración de pandemia, combinada con claras reglamentaciones y manejo coordinado, podría ayudar a muchos países a mitigar el impacto de la enfermedad y ponerla inmediatamente bajo control.

(Fuente: “COVID-19, a pandemic or not?”, en The Lancet, 13 de marzo de 2020).

 

Traducción de Mauricio Yennerich