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Imponen el nombre del policía Alejandro José Combín a una calle de Esperanza

Una calle en la ciudad llevará el nombre de Alejandro José Combín, quien fuera cabo primero en la Unidad Regional XI. El policía esperancino murió en cumplimiento del deber en el año 2009 por lo que se cumplirán diez años de su desaparición física.

Será el acto el miércoles 23 de enero a partir de las 10 de esa jornada en el noreste de la planta urbana de Esperanza cuando se cumplan los 10 años de su trágica muerte.
De acuerdo a lo que se conoce extraoficialmente, la imposición del nombre será unas dos cuadras al norte de la Ruta Provincial 70, en la zona del Arco de la Colonización en los nuevos barrios del sector.

“Las Comisiones de Gobierno, Cultura y Acción Social, y de Obras y Servicios Públicos, en referencia con el expediente Nº 239047-R-18 dieron a conocer el proyecto que fue presentado en el Concejo Municipal. Se trata de ponerle el nombre de una calle a un policía esperancino asesinado en cumplimiento de su deber.

En este caso, el vecino Sergio Rubén Rista solicitaba la autorización para que una de las calles de la ciudad se le coloque el nombre de quien en vida fuera el Cabo 1º “SG” Alejandro José Combín. Los concejales en pleno dieron  el sí con la mano levantada”. Fue el 28 de setiembre del año pasado, como publicáramos.

La calle fue aprobada por unanimidad por los concejales esperancinos, en sesión del Concejo Municipal presidido por el doctor Víctor Elena.

Se descuenta que en la oportunidad estarán presentes las autoridades del gobierno de la ciudad, concejales y familiares del policía.
Seguramente habrán se presentarse además las autoridades de la Unidad Regional XI y miembros de la fuerza de seguridad que compartieron tareas junto Pablo Combín.

Amarga crónica de entonces

Daniel Frank – Danilo Chiapello. Sucesos@ellitoral.com

Los restos mortales del cabo Alejandro José Combín -asesinado a tiros mientras perseguía un delincuente-, fueron sepultados la tarde de ayer en medio de desgarradoras escenas de parte de familiares, allegados y camaradas de la fuerza.
El cuerpo de Combín, de 28 años, llegó a las 11.30 del sábado a la casa velatoria Acastello-Rosso ubicada sobre calle San Martín al 2500, a 20 metros de la sede de la Unidad Regional XI.
De inmediato dicha calle, una de las principales arterias del centro de la ciudad, se pobló con centenares de ciudadanos que entremezclados con los hombres y las mujeres de uniformes azules daban cuenta de la imagen de lo sucedido: el primer policía asesinado en la gestión del gobierno de Hermes Binner era un joven ciudadano esperancino de una familia ampliamente respetada y querida en la comunidad.
Entre ellos debemos mencionar al jefe y subjefe de la Unidad Regional XI, comisarios Jorge Negri y Sergio Trod y el propio Juan Hek, jefe de la Policía santafesina que estaba en Esperanza desde la tarde del viernes.
“Nos mataron un hermano”, confesó un policía veterano de la vieja repartición de Investigaciones mientras se abrazaba a otros camaradas, que habían estado en el lugar de los hechos en procura del delincuente en un campo situado en el paraje llamado Rincón de Ávila, a unos 800 metros al este del “Boliche de Flaviani”, en Ruta Nº 6, entre los puentes del Salado -final de la jurisdicción del departamento Las Colonias por el norte de Esperanza- y la Ruta Provincial Nº 4, que es el acceso a la Ruta Nacional Nº 11.

Sin consuelo
Fue conmovedor ver a esos hombres que visten uniforme y canas con lágrimas en los ojos, llorando desconsolados junto a los pibes que recién ingresan a la fuerza, más cercanos a la generación del camarada muerto en medio del campo. Y a los vecinos, también consternados por el suceso.
Dentro de la sala velatoria su padre -que recibió la noticia mientras pescaba- ya no tenía lágrimas y se resignaba: “Era el destino”, decía y miraba hacia adelante, sin posar la vista en nada y en todo.
Su novia, una chica de Humboldt, desgarrada de dolor estallaba en lágrimas mirando al cielo, buscando una respuesta que no existe: en mayo se casaban luego de su noviazgo y de levantar por años, con tanto trabajo y amor su casa propia en calle Rivadavia, unos metros al norte de la Ruta Provincial Nº 70. El escopetazo del criminal le arrebató la mitad de su vida y su familia antes de nacer.

Lágrimas en la ciudad
Ayer a la tarde se realizó el sepelio de Combín con la presencia del ministro de Seguridad, Daniel Cuenca, el secretario de la misma cartera, Carlos Iparraguirre, el jefe de la Policía de la provincia, Juan Luis Hek, altos jefes provinciales y toda la policía de Esperanza encabezada por los titulares de la U.R.XI
El imponente frente de ingreso del cementerio de Esperanza experimentó un hecho jamás visto. La llegada del cortejo fúnebre. La gente del pueblo esperancino en ambos lados de la calle. Los policías con su mano derecha en la frente en gesto de honor. Los abanderados rindiendo su adiós al camarada caído. Su familia y la de la novia del policía tomados de los brazos, caminando juntos por detrás del féretro cargado de flores y con la gorra de policía como estandarte en su cabecera.
Frente a su tumba sólo habló el oficial Báez, del Comando Radioeléctrico, frente a una comunidad que, impertérrita no se movía aunque la fuerte lluvia y el viento se desataba en ese preciso momento, como si Dios- cualquiera sea el modo de entenderlo por cada uno- quisiera decirles a sus seres queridos que a Él también le dolía semejante crimen. Y entremezclaba sus lágrimas de lluvia con las de los presentes.
Después, lentamente, la gente comenzó a retornar a sus hogares. Algunos en silencio, otros hablando en voz baja y otros con la mirada perdida. Pero todos y cada uno sobrellevando la insoportable sensación de lo irreparable. El propio jefe de Policía de la provincia, Juan Hek, rompió en lágrimas y se sumó a los familiares para cargar con el féretro.

Crónica de un tarde maldita
Un delincuente que se apellidaría Costas, de 23 años, fue a robar en esa madrugada del viernes 23 con otro menor en jurisdicción de la localidad de Nelson, al parecer al Club Hípico. Los agentes de la comisaría 15ta. descubrieron al sujeto que se transportaba en una moto, con un menor y una escopeta.
El rufián huyó y el vehículo se rompió. Entonces siguió la fuga a pie a campo traviesa hacia la zona de Esperanza hasta llegar a unos pocos kilómetros al norte del Río Salado, cerca de la frontera entre La Capital y Las Colonias, donde se desencadenaron los hechos.
La policía de este departamento recibió el pedido de ayuda y mandó dos móviles en primer lugar. En ellos viajaban, por lo que se sabe extraoficialmente, un oficial de apellido Rúa, Alejandro Combín -del Comando Radioeléctrico- y otro suboficial Sánchez, de la Agrupación Cuerpos, además de los policías Candia y Leiva, que revisten en el Destacamento del Barrio La Orilla.
Al parecer, el grupo tenía información que el sujeto había pedido agua en una casa de campo ubicada unos 80 metros al este de Ruta Provincial Nº 6. Y hacía allí fueron.
Bajaron de sus móviles y comenzaron la batida por el campo, que estaba subdividido por un callejón con matas altas y vegetación alta.
Presión bajo el sol
Loco de calor, de sed, estresado, hambriento y cansado de huir a campo traviesa por montes, el delincuente de poca monta con pedido de captura y perseguido desde hacía 10 horas, no soportó la presión. Estaba tirado entre las matas y si se quedaba allí, difícilmente lo encontrarían. Pero no…, se levantó y a menos de 10 metros lo fusiló de un escopetazo que le barrió la garganta al policía y parte del pecho. Cuando el suboficial Combín cayó al suelo, estaba irremediablemente muerto.
El más cercano a él era el suboficial Leiva, que fue bombero y conoce de primeros auxilios. Desesperado vio cómo el policía del Comando se desangraba y moría en sus brazos mientras intentaba salvarle la vida.

De inmediato partió al llamado el Servicio de Urgencias 107 desde Esperanza y los móviles comenzaron llegar. Con los ojos inyectados en sangre y lágrimas -es obvio, ante la vista del camarada muerto- los policías de Esperanza no cejaron en la porfía de encontrar al criminal.
Abrumado bajo el sol, con una temperatura superior a los 35 grados en medio del campo y monte, tras 10 horas de huir y ahora cargando con un policía recién asesinado y sus camaradas llenos de furia y de dolor -es imaginable- el ratero, vio que estaba perdido y cerca del monte, se pegó un escopetazo que le arrancó literalmente la mitad de la cara.
Eran las 5 de la tarde del viernes 23 de enero. Fue cuando la tierra de Nelson, resquebrajada por la sequía, se bebió de un sorbo la sangre del primer policía santafesino muerto en la gestión del gobernador Hermes Binner.
Se llamaba Alejandro José Combín. Tenía sólo 28 años. Y era un cabo con siete años, excelente camarada, buena gente y un honesto e impecable servidor público que dejó su vida en el servicio. En esta ciudad de 40 mil habitantes todo y todos se conocen y por eso la ciudad está conmovida y no sale de su estupor.

“Ya llegará el tiempo de ver todo lo legal. Hoy viene el gobierno santafesino a rendirle honor a un policía caído en el cumplimiento del deber y para acompañar a su familia” sentenció el Secretario de Seguridad Pública Carlos Iparraguirre en su sepelio.

 

Foto gentileza Ultrapol

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