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James Stuart Mill

Aunque Elements of logic de Richard Whotely, obispo de Dublín, no brilla tanto como la Lógica de James Stuart Mill, no es menos imprescindible. Los argumentos de Mill, sin embargo, son mejores. Schumpeter considera que Logic es un componente fundamental de la Zeitgeist decimonónica. Y tanto Keynes, como Jevons, parecen no contradecirlo. Otros lectores pensaron que, dada la resistencia del autor a concebir una teoría del proceso económico y su escasa comprensión de la Revolución Kantiana, el libro había nacido muerto.

Stuart Mill tuvo como propósito escribir un tratado de lógica pura. Sus lectores del siglo XX leían con sorpresa su curiosa e ingenua pretensión de dar a sus ideas un carácter imposible de “logro definitivo y último” para los resultados que exponen.

Dentro de su Lógica, en el Libro I “De los nombres y de las proposiciones” se anticipa más de un siglo a la moderna ciencia de la semántica. El libro VI no es menos anticipatorio, aunque su espíritu es didáctico: “Sobre la lógica de las ciencias morales” es lectura obligatoria en los estudios doctorales en Ciencias Sociales de las Universidades importantes.

Sus contribuciones no fueron, sin embargo, bien comprendidas. Estudió las posibles extensiones que la causación física podía tener en el análisis de lo social.El resultado de esa incomprensión fue otro capítulo de la secular e inútil dispuita entre los científicos sociales que contraponen inducción a deducción. La misma suerte corrió el genio de George Simmel. Similares destrozos se hicieron con la obra de Maximilian Weber en torno a una inconcebible causalidad de la ética y el mundo material. Marx no se salvó de estas interpretaciones esterilizantes. Lo importante, quizá, es que en medio de esas confusiones, se engendró la maldición del “hombre económico”.

Mauricio Yennerich

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