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“En la Fazenda de Providencia renací, volví a vivir”

” Estoy en un mes de experiencia. Al cumplir mi etapa de proceso de recuperación decidí venir un mes a Las Varillas. Ahora participo en el Grupo Esperanza Viva, que es como un brazo externo de Fazenda. Ellos me están acompañando durante todo octubre en mi experiencia en mi casa. Esto es un proceso de discernimiento de qué es lo que uno quiere, de encontrarse uno mismo, de saber dónde está su felicidad.

¿Cómo llegaste a la Fazenda?
” Llego a Fazenda después de cinco años de consumo . Lo hice a través del Grupo Esperanza Viva. Llegó un momento en el que pedí ayuda para salir de la situación en la que estaba, pero no quería ir a un psiquiátrico, no quería tomar pastillas. Me comentan del GEV, que es un grupo de autoayuda, que se reúnen una vez por semana; entonces decido ir, pero bueno, no podía dejar de consumir así que me proponen internarme en Fazenda. Tenía entre Fazenda de Córdoba o Fazenda de Santa Fe en Providencia, y bueno, me fui a Providencia en mayo del año pasado.
El primer mes fue muy distinto, muy difícil, no tenemos teléfonos, no tenemos televisión; la radio por ahí se trata de controlar lo que escuchamos. Nos teníamos que levantar a las siete de la mañana, rezar el rosario. Por ahí uno llega de un mundo totalmente mundano y se encuentra con una calma, con una paz que es totalmente diferente, un mundo totalmente diferente.
Y al principio me costó mucho, sí, el primer mes fue para mí el más difícil.
Después ya cuando uno va entendiendo que todo lo que se hace se hace por amor y con amor, y que hay personas que están donando su vida para ayudar a uno, le vas encontrando el sentido en el poder tenderle la cama a la compañera, cosas que antes no nos interesaban. Antes ni siquiera lavaba un plato por mí o por nadie.
Tenemos rutinas ahí y cada una tiene un trabajo designado por semana. Una está en la cocina, hace el desayuno, almuerzo, merienda, cena para todas; hay otras que están encargadas del terreno, cortar el pasto, limpiar la casa. Y también el tema de manualidades, hacemos, canastas de productos durante todo el mes que después se manda a las familias.

“Me quería volver”
“Por ejemplo, me acuerdo que la primera semana me pusieron a bordar y me agarró un ataque de locura, dejé todo. Yo ya me quería volver, pero bueno, ahí entendieron también que yo necesitaba gastar energías, entonces me pusieron en terreno a hacer cosas, así fuimos viendo el día a día. Si fuera por mí, yo todos los días me hubiese vuelto. Pero me propuse vivir el día a día, ver cómo me sentía cada día; y cada día me iba sintiendo un poco mejor; viendo la realidad de las demás, que cada una con sus dolores y con sus cosas también salió adelante. Eso me impulsaba mucho. Hasta los primeros tres meses fue así, y yo me enamoré de ese carisma, el carisma de la esperanza.
Se trata de vivir el amor recíproco, se respira el amor. Se respira la buena voluntad. Si tuvimos una discusión, un encontronazo, no es «no te hablo más», tratamos de hablar, de recomenzar, se toma muy diferente las cosas. Pero también, trayéndolo hoy aquí al presente, veo cómo me sirve y me ayuda a vivir mi día a día acá afuera.

«Nosotros los adictos caemos, pero caemos por algo»
“Hay psiquiátricos y hay lugares como Fazenda. Pero respecto a la desintoxicación, se necesita mucho gastar energías al principio, se necesita mucho estar activa para poder dormir a la noche; me costaba mucho dormir a la noche y me arrepentía de no haber ido a un psiquiátrico y tomar pastillas para dormir.
Pero no hay nada que ese acompañamiento que hacen las personas dentro de Fazenda, tanto las responsables como las coordinadoras, no logre. Ellas entienden ese proceso también porque hay muchas que lo pasaron. No hay nada que el amor y la comprensión no puedan lograr. Porque nosotros, los adictos por ahí caemos, pero caemos por algo. Dentro de nosotras tenemos cosas que nos han hecho llegar hasta donde llegamos, entonces esa comunicación, el llegar a confiar en alguien, a contarle nuestros problemas realmente, esos demonios que tenemos interiores, ayuda muchísimo.
Ya no tenía un sentido mi vida. Me encanta cocinar, yo soy cocinera y siempre fue mi pasión. Y había llegado a ese punto de no querer hacerlo más tampoco, al punto de perder a mi familia, dejar de hablar con toda mi familia, el perder a mis amistades. El hecho de llegar a vender todas mis cosas, de no tener dónde dormir. De ir de un lado para el otro. Nosotras decimos que tocamos fondo, porque realmente llegamos a un borde y no vemos más que oscuridad. Yo no veía más para dónde salir. Y la opción en ese momento que yo tomé era desaparecer de acá, y me quise despedir de lo único que más me ataba que era mi mejor amiga y entonces me hizo reaccionar, me dijo «Tenés dos opciones, no tenés un solo camino. Tenés otra opción también.» pero al adicto le cuesta mucho reconocer que tiene un problema.
Cuando fumaba marihuana, mi mamá me sacaba la marihuana, o cosas así y yo no entendía porque para mí no era un problema. No entendía que era una puerta abierta que no podía cerrar.
Pero sí, tiene que nacer de uno. Si uno no quiere, si no pone voluntad, es muy difícil. Yo cuando intenté estar dos meses sin consumir, no consumía, pero me emborrachaba todos los días.
Yo pensaba que no era capaz, o que solamente servía para tal cosa, o que me iba siempre mal por mi manera de ser. Aprendí que podía hacer las cosas de otra manera.
También ser sincera, con lo que siento, cómo me siento, yo era una persona que siempre estaba bien, que nunca le pasaba nada. Entonces pude empezar a ser sincera, pero para conmigo misma también. Porque eso fue lo que a mí me llevó al consumo. Y una de las cosas que más me marcaron fue el aceptarme y el amarme a mí misma, porque la razón de por qué yo empiezo a consumir es por una falta de aceptación muy grande, porque claro, yo quería encajar en un estereotipo de gente.

Ayuda por favor
Yo ya no tengo miedo de pedir ayuda. Me fue muy difícil de aceptar que yo sola puedo. No está mal reconocerse débil, porque quien se reconoce débil, es fuerte. Porque sabe que tiene una debilidad y es consciente de su debilidad. Los adictos no entienden, este problema que sólo crece.. Cuando fui lo hice con un amigo, y me recibió Silvia, me llamaron aparte, me hicieron una entrevista y por primera vez conté todo, largué todo lo que tenía y ahí me dijeron que les parecía que debía internarme.
Hay que saber que podemos recurrir a eso, que no estamos solos. Eso hay que hacerlo saber, quiénes somos, dónde estamos y que los esperan con los brazos abiertos como lo hicieron conmigo hace 16 meses y lo siguen haciendo hoy en día también”.

Colaboraciones: providencia.f@fazenda.org.br – (03496) 15414531 – Franziska Donay

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