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La increíble historia de la niña esperancina María Luz

El nombre es ficticio. Sólo a modo de ilustración. Pero la existencia de su persona y la de sus padres y familiares, no. Es una historia de amor, de esas que no tienen hadas ni príncipes, pero si seres mágicos hechos por la mano de Dios, a su imagen y semejanza.

María Luz está en esa franja de bebés que nacen de la forma en que papá y  mamá nunca esperan. Su papá no se pegará con la nariz al alambrado o se subirá a las gradas para verla competir en un deporte. Mamá no la llevará al jardín de infantes y verá su llanto, ni bailará sus quince, ni la verá frente al altar de blanco y feliz.

Es otra historia de amor. Las que curten el corazón y fortalecen las almas. De sus papás, de sus hermanos, de los tíos y de las abuelas. Una familia organizada diferente, con gastos distintos al del resto de las familias de Esperanza y con prioridades muy distintas.

Desde la vida en la casa, hasta las salidas y ni hablar de las vacaciones.

María Luz nació distinta. Pero es un rayito de sol en la casa. Y un día creció, entonces con ella se manifestaron las urgencias y prioridades que todo lo cambiaron. Sus papis están presos por amor a ella. No pueden despegar sus ojos de ella, porque puede correr riesgos.

Un día, las necesidades familiares llevaron a sus papás a tomar una decisión. Ellos necesitaban “hacer cosas” que tienen que ver con sus responsabilidades y otras vidas. ¿Pero, cómo hacerlo?

Hasta que tuvieron la idea. Usar la tecnología. Llenaron la casa de cámaras  y mediante aplicaciones las conectaron con los teléfonos. La vigilancia son las 24 horas. Incluso permite esta tecnología, aprovechar que cuando María Sol duerme, se puede salir a “hacer cosas” impostergables.

En la historia de esta familia esperancina modelo, vaya el homenaje a todas las familias que saben que amar es el primer acto que demuestra que una persona es un ser humano, y que cuidar a los niños y a los más débiles no es un gasto en algo inútil, sino una inversión que fortalece a la familia y a la comunidad.

Siempre, el verdadero rostro de un ser humano se ve en la forma en que trata a los más débiles.

 

Daniel Frank

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