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sábado, agosto 15, 2020
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La mitología griega nos alerta sobre las consecuencias de la monotemática del déficit

Por Mauricio Yennerich.-

La prensa oficialista viene planteando que la administración del Frente Progresista habría incurrido, en los últimos cuatro años de su ciclo, en gastos desmedidos e imprudentes y ha dejado a la provincia “al borde de la quiebra”.

Este discurso periodístico tiene afinidad con el de los funcionarios. En efecto, el ministro de Economía, Walter Agosto, insiste en el “déficit de caja” de la provincia; la ministra de Educación, Adriana Cantero, plantea que son “tiempos de restricción” y que “desde el Estado tenemos que ser austeros” y la ministra de Infraestructura, Silvina Frana, describió el “estado de situación” con estrictas referencias a los balances contables.

Pablo Seghezzo, ex funcionario del ministerio hoy a cargo de Frana, expresó, por medio de un tuit, que “La deuda a la que refiere la ministra en materia vial es lógica en el marco de un plan de obras sin precedentes, como el que llevó adelante Miguel Lifschitz. Dejamos un patrimonio vial que supera los 35 mil millones de pesos”.

 

La trilogía déficit, restricción y austeridad

Déficit de caja, restricción de gastos y austeridad estatal, constituyen la tríada de nociones que vertebran el discurso oficial del gobierno provincial. Si la gestión del contador Omar Perotti logra consensuar un diagnóstico de situación basado en el déficit presupuestario y una salida apoyada en la restricción y la austeridad, habrá que revisar, seriamente, las políticas de los años 90, pues fue la década durante la cual, en nombre de estas nociones, se desmanteló el Estado Nacional y consecuentemente, su sistema federal de financiamiento bancario sub-nacional, público y estatal, a través de la política de privatizaciones.

Las políticas de privatizaciones de bancos provinciales, por caso, fueron coordinadas, a nivel nacional, por el entonces secretario de Desarrollo Regional, Rogelio Frigerio, quien tuvo a cargo, recientemente, el ministerio del Interior durante la presidencia de Mauricio Macri.

A nivel local, la des-implicación del Estado nacional en materia de financiamiento, durante el menemato, fue coordinada y ejecutada, por el actual gobernador, quien, a su vez, recibió asistencia técnica, desde el interior del Banco de la Provincia de Santa Fe (BPSF), del economista esperancino Javier Bolzico, actualmente titular de la Asociación de Bancos de Argentina (ADEBA). Bolzico, por su parte, fue sucedido en el cargo bancario por Walter Agosto, el ministro de Economía de la provincia, que en declaraciones a la prensa dijo que “se busca evitar recurrir al agente financiero del Estado —literalmente: el BPSF— debido a las altas tasas de interés existentes”.

 

Soberanía económica

En vistas de este escenario, resulta oportuno aclarar que, en primer lugar, las instituciones gubernamentales no pueden quedar “al borde de la quiebra” o “caer en bancarrota”, sencillamente porque son escolaridades soberanas y federales. Para el caso del sistema financiero, los bancos públicos no quiebran, pues siempre pueden recurrir al “prestamista en última instancia” que es el Banco Central. Salvo que la política del Banco Central sea conducir al sector público financiero al colapso, desentendiéndose de la suerte de los bancos sub-nacionales.

En segundo lugar, invocar permanentemente el “déficit de caja”, fue parte de la estrategia privatizadora. Si le sumamos la idea de restricción y austeridad, el indicador de estilo, de la gestión, es claramente contrario al desarrollismo económico.

En tercer lugar, para comprender las implicancias de la aparición en el discurso público de vocablos tales como déficit fiscal, austeridad, restricciones, números en “rojo”, etcétera, resulta conveniente invocar el mito griego de la Caja de Pandora.

 

La mitología griega nos alerta

Pandora fue una mujer modelada por Hefesto, el dios del fuego, para vengar la imprudencia de Prometeo, quien intentó robar el fuego sagrado a los dioses, para dárselo a los mortales. Persuasiva, bella y dotada por los dioses, de la facultad de mentir sin ser descubierta, Pandora recibió una caja de manos del propio Zeus, para ser entregada a Epimeteo, con la condición de nunca abrirla. La caja contenía todos los males existentes.

La curiosidad venció su voluntad y al abrirla, los males que contenía, se esparcieron por todo el género humano, quedando dentro, solamente, la esperanza. Esto produjo la perdición de la propia humanidad y es a partir de este mito, que tiene sentido la expresión “abrir la caja de Pandora”.

En economía política, la Caja de Pandora permanece abierta en cada ciclo de políticas de destrucción institucional del Estado. La voluntad que la abre, sigue premisas científicamente falsas, en torno al equilibrio, el déficit, la austeridad y la restricción presupuestaria y hace tabla rasa de la soberanía económica. Abierta recientemente por el ciclo macrista, a nivel nacional, sus resonancias locales parecen escucharse cada vez más fuerte y claramente.