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jueves, octubre 22, 2020
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La Virgen se fue del barrio

“Anda, no tengas miedo, que yo estaré contigo y te conduciré y guiaré por los caminos nuevos” reza la placa empolvada por el tiempo y algo despintada en sus letras.

“Oficiales. Presidente: Nora Paletto, secretaria  Leonor Amadio, Vice Norma de Luna, Tesorera, Ana de Keller.

Socias Activas: Ermelinda Butarelli, María Antonia de Gilli, Raquel Graoner, Nilda de Hageman, María Ester de Kuchen, Gladis de Rodríguez, Ana de Estrada” cuenta para la posteridad y marca el reloj del cuando: “Esperanza, 27-11-2001” cuando la Ermita de la Virgen vio la luz a la vera de la calle Simón de Iriondo en el corazón del Barrio La Orilla.

La Ermita de la Virgen de la Medalla Milagrosa fue una obra realizada por la Municipalidad de Esperanza y las Sra Estela Maris M. de Monzón emprendida por la Legión de María del Barrio Norte.

“Mire, creo que la imagen de la Virgen fue sacada por una señora de la Parroquia del Sagrado Corazón hace unos años atrás, para protegerla de esos herejes. Una tristeza grande que no esté más. La gente del barrio y de otros barrios incluso venía a rezar, le traía flores, especialmente los fines de semana” cuenta una vecina al cronista.

“Como usted puede ver -se acerca otra mujer para decir- le rompieron los vidrios y los barrotes de metal. Antes ya habían pintado con aerosol los distintos nombres” y las pintadas muestran a los autores de la profanación: “Nico”, “Negro”, “Xexe”, “Tuni” y una jovencita seguramente apodada “Cande”, seguramente proveniente del nombre Candelaria, que trae a la memoria otra figura femenina sagrada como la Virgen de la Candelaria.

El año que viene se van a cumplir 20 años de la instauración de la Ermita de la Virgen de la Medalla Milagrosa, que tuvo que huir y refugiarse en la casa de una vecina creyente del Barrio Norte, por cuestiones de seguridad, porque no hubo vidrio ni barrotes de hierro que la pudieran proteger, justo ella, que le dice al barrio “Anda. No tengas miedo, yo te protegeré”.

Los bancos blancos cubiertos por tierra sucia, vacíos y solitarios. El verde pasto de la primavera, mugriento por el abandono. La esquina con basuras y restos de plásticos, son el paisaje mustio de ahora. Ni una flor adorna la Ermita para al Virgen que se tuvo que ir. Ya nadie reza por un milagro en la Simón de Iriondo y lo que es aún peor, ya casi nadie lo espera.

Daniel Frank