Sign in / Join

Lágrimas reales en la muerte de Jesús

Conmovedora. Las lágrimas reales de la “Virgen” María corrían por su rostro. La basílica a oscuras. En sus brazos, su “hijo” ensangrentado, que muere a consecuencia de la tremenda tortura y castigo que termina con su vida en la cruz romana, impía, con que se mataban a los ladrones, delincuentes y los terroristas de Estado. Ella que se quiebra en un llanto concreto y real de madre y de mujer.

La luz única que habitaba en el interior del templo, iluminaba sólo a la madre, María, y a su  hijo Jesucristo. El silencio de amor y piedad que floreció en el lugar, era un acto de fe en sí mismo.

La basílica de la Natividad completa. Orante. No entraba un fiel más. Y el viernes santo, nocturno, espeso, con su enorme carga histórica de dolor, en la Pasión del Señor, era sentido y vivido a pleno por los cristianos católicos que recibían finalmente la bendición del Padre Axel, para esperar, fortalecidos, el Domingo de Gloria, donde el universo y el hombre, resucitarán para la eternidad en el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Las columnas, en el principio del viernes de vía crucis partieron de las capillas San José Obrero en el Barro Ciclar, San Cayetano de la zona del Parque de la Agricultura Nacional, y San Pío de Pietrelcina, de Barrio Unidos, más allá de la ruta provincial 6.

Un grupo de unos 100 católicos caminaron desde la Estación de ómnibus hasta el templo en Plaza San Martín, al igual que una gran cantidad de alumnos convocados en la escuela secundaria parroquial, José Manuel Estrada, identificados por sus remeras.

Un hecho singular fue la columna de peregrinos que llegaron hasta el templo central desde la comunidad católica de San Isidro Labrador ubicada en Pujato Norte, que trabaja para tener su sede y su SUM y que tiene todo el apoyo del Padre Axel Arguinchona y la Basílica.

En todos los vía crucis, la palabra revitalizaba la fe en la vida y en contra de la muerte, desde los niños por nacer. Como para gritarle al país y a la ciudad que a la Argentina y a Esperanza no le sobran niño alguno.

Tanto en la Parroquia San José, de los padres y hermanos Misioneros Verbitas, como en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en el norte y el Este de la ciudad, las peregrinaciones y rezos se multiplicaron en la noche del Viernes Santo.

«Ahora vamos rumbo a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los maestros de la ley. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen. Pero al tercer día resucitará».Mateo 20:18-19 

Felices Pascuas Esperanza y Las Colonias.

Daniel Frank – Silvio Roland

 

 

Deja una respuesta