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Las pyme hoy

BREVES APUNTES PARA UNA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA

Las pyme hoy

 

Por Mauricio Yennerich

 

De los más recientes discursos del poder, el primero que ofreció una confortable dominación fue el de los voceros del Consenso de Washington, que caló hondo en esta zona. Le siguió el sacrosanto relato de las “Cadenas de Valor”. El fracaso de las políticas inspiradas en lecturas canónicas de uno y otro, decidió nuestro regreso a David Ricardo. Ahora hay que seguir pasando el invierno –largo invierno ya- anunciado por Alsogaray a fines de los `70.

 

No es extraño que desde el management o el marketing se nos diga que “aprovechemos las oportunidades que se presentan en la era global”, instándonos a “estar atentos a las posibilidades que ofrece el mundo actual”. Es usual ver propuestas acerca de “Los desafíos empresariales en la era global” o las “Nuevas formas de hacer negocios”, por no decir “emprendedorismo”. En general, no parece haber mala intención, sino más bien, cierta profunda ignorancia. Digámoslo: reflexionar sobre el mercado mundial capitalista, hacerlo seriamente, requiere conocimientos teóricos. En la medida en que la política no sea capaz de pensarse a partir de dispositivos conceptuales, seguirá dominando el atraso.

Los casos de las políticas impulsadas a partir del Consenso de Washington de 1989 y su apología del libre mercado y de las Cadenas de Valor, más contemporáneas al siglo XXI, en su tentativa de “captar fracciones crecientes de valor del producto final”, son muy ilustrativos.

Despojadas de toda lectura teórica y crítica, proponen a los actores del sistema un aprovechamiento de las potencialidades que ofrece la subordinación estructural. Indaguemos en las huellas más recientes de estos discursos, de estos senderos laberínticos, que anunciaron la irrupción -con fuerza de un tsunami- del libre mercado y el “agregado de valor” para las empresas, discursos que fueron incorporados sin mediación por la mayoría de los policy makers y del empresariado, y que, en su circularidad causal,  siguen ocultando la Gran Divergencia y sus derivaciones, es decir, lo que de verdad importa.

Así, primeramente, creyendo que la des-centralización de funciones, por ejemplo, tenía un efecto modernizador, el sector pyme encastró perfecto con los publicistas del regionalismo localista y pensó –no, mejor, no pensó, sino que tuvo fe- en que

  1. podía negociar directamente con los actores globales, y evitar las (supuestas, mal supuestas) complicaciones procedentes de una planificación política centralizada en la Administración del Estado Nacional (único ámbito institucional efectivo, conocido hasta ahora, para implementar una política industrial, como en los casos Japón o más recientemente Taiwán), por un lado; y
  2. que se integraban al mundo maravilloso, sin fronteras y sin historia de Fukuyama, por otro.

 

No hace falta ser especialista en geopolítica para advertir que el ámbito internacional, antes que un mundo de oportunidades, es un hervidero de lobbistas y oportunistas, y el recuerdo de la “misión diplomática” local a China, quizá todavía está presente en muchas personas.

En segundo lugar, comprendieron, a fuerza de prueba y error, que los históricos y verdaderos actores estratégicos del sistema son las Empresas Transnacionales -entendiendo por actores estratégicos globales a las empresas capaces de activar mecanismos de poder político y financiero y controlar el tamaño de las rebanadas (slice) que les corresponden a los actores en la cadena productiva. El resultado, por regla, es una vuelta a los postulados de David Ricardo, a las “ventajas comparativas”, que hacen olvidar las pretensiones de desarrollar procesos integrales de concepción, producción y realización al interior de los espacios nacionales.

Y esto recién comienza, porque las ETs no están solas.

Desde hace una década (o dos, o más, depende como sean interpretados los pool trust de los `80-90), los fondos de inversión se han sumado a la contienda global. El PhD Fernández va más allá al postular en su reciente libro La trilogía del erizo-zorro (Anthropos-UNL, 2017) que las ETs son una “modalidad organizacional del capital financiero”, y que este es un factótum en la configuración del gobierno de cadenas de valor.

Lisa y llanamente: lo que para una pyme puede representar un riesgo muy severo, esto es, invertir en innovación, marketing, logística o en acceder a créditos, en el registro contable de una empresa líder o de un fondo de inversión, constituyen  porcentajes irrisorios de su respaldo.

Ni los discursos neo-liberales de eficiencia del mercado, ni el herramental analítico de las Cadenas de Valor dan cuenta de esas asimetrías globales. Esta carencia hace inviable una política económica capaz de promover el avance desde posiciones periféricas a posiciones centrales y refuerza en los hechos la mencionada divergencia estructural. El objetivo de esta nota es persuadir a los empresarios del sector pyme, a los diseñadores de políticas públicas, pero sobre todo a los que comandan las diferentes instancias institucionales del Estado, para que no acepten la invitación neo-ricardiana, para que sigan pensando el valor estratégico del Sistema Productivo Industrial, pero con herramientas analíticas de excelencia.

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