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“El más joven me volvió a poner la alianza matrimonial en mi mano atada al verme llorar”

“No fue una película. Ahora, cuando lo cuento, me doy cuenta, fue cierto” dice Gloria, cierra sus ojos y llora en silencio. Sobre la mesa del living la imagen del Sagrado Corazón de Jesús ilumina la sala.

A su lado está su esposo, Lorenzo, pintor y músico, muy conocido en la ciudad porque además es el padre del afamado violinista Fabián Bertero, uno de los nombres más importantes hoy por hoy en el tango de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; y, en el barrio, porque son ellos los padres también de la conocida odontóloga Vanina Bertero, que tiene su consultorio en el mismo corazón del Barrio Norte.
Lorenzo y Gloria son originarios de Grutly, un matrimonio que viven en calle Moreno al 3.200, a pasos de la sede de la Asociación Deportiva Juventud.
“Era el viernes pasadas las 22. Afuera se sentía el bullicio de gente, motos y automóviles porque era la fiesta anual del patín en Juventud. Y esta cuadra era una boca de lobo, porque no había luz. Generalmente sucede que la arreglan pero a los pocos días pasa lo mismo” cuentan.
“Estábamos mirando televisión en la cama, cuando de pronto vemos cuatro personas que entran al dormitorio, con el grito de ¡queremos la plata!”.
Habían barreteado la puerta lateral e ingresado a la casa.
Eran tres vestidos con remeras y pantalones negros, negros, y uno más joven -no pasaban los 40 años- que tenía una remera azul” y es allí que Lorenzo arriesga que “parecían policías, esa era la impresión que me dio en el golpe de vista” sostiene, y siendo la expresión de un músico y plástico, no es menor el dato.
“Todos estaban muy bien vestidos, y el único que se tapaba la cara era el más joven, el de la remera azul oscuro” nos comentan.
Al parecer, algunos de ellos portaban armas largas, tipo escopetas Itaka se pudo saber luego.
Los ataron, con medias, cintos y remeras, de pies y manos y sucedió algo impensable.
“El más joven me quitó la alianza de matrimonio. Mientras lo hacía yo estaba atada las manos con las medias, le pedía por favor que no- cuenta Gloria- que era todo lo que tenía como recuerdo de mi matrimonio, que no lo hiciera le suplicaba.
Y en un momento, siento que el delincuente, toma la alianza de su bolsillo y la vuelve a colocar en mi mano. No lo podía creer, un gesto increíble.
Actuaron sin salvajismo, hay que decirlo, en todo momento nos trataron con respeto, ni siquiera nos gritaron, nada de golpes o amenazas, sólo nos pedían la plata. Y en verdad, los dos somos jubilados, no tenemos plata. Eso fue lo que les dijimos” nos relata Gloria.
Por supuesto que, todas las habitaciones fueron revisadas, cajones volteados, nada quedó en pie. El desorden en todos los espacios de la vivienda fue total. Incluso en el sector en que Lorenzo tiene su estudio de pintura.
“Estuvieron un buen rato. Se llevaron 200 pesos que había en un cajón de la mesita de luz, los dos celulares, un juego de anteojos de sol con estuche, de varón, porque el de mujer no lo quisieron llevar extrañamente, además de una cadena de oro con un medallón de oro y una alianza matrimonial de la mamá de Gloria”.
El medallón, precioso y valioso, era un recuerdo del nacimiento de Fabián, el violinista.
“Estuvieron un buen rato. Revolvieron todo y nos pedían la plata, pero no había plata, entonces, en un momento dado, el más grande de ellos le hizo una seña a los otros, con los ojos, que era hora de irse. Y se fueron con el botín” nos relata Lorenzo, ese extraordinario bandoneonista que hiciera historia en el tango esperancino junto a Néstor Bucca padre, cuyas grabaciones aún perduran para disfrute de los actuales amantes del dos por cuatro.
Un hecho extraño es que se hayan llevado el estuche de anteojos de hombre pero no el de mujer y además que no hayan tocado computadoras y otros bienes que son fácilmente vendibles en el mercado negro.
Esto los marca como una banda de asaltantes selectivos, con profesión, al que se le suma el buen trato con estas personas mayores de edad.
Además, hay que citar en este punto que Gloria, ha pasado, desde su enorme fe cristiana y católica, varias enfermedades muy difíciles, incluso en estos días también atraviesa otra con la misma fe.
“El que me ató con la media, el más joven, tuvo mucho cuidado en no lastimarme. Por eso la media estaba floja y me pude desatar” y se suma con otro detalle singular, y es que le dejaron a su alcance el teléfono de línea, enchufado. Con sólo estirar los brazos, pudo tomarlo y llamar a la policía apenas advirtieron que ya no estaban en la casa.
“Los policías llegaron, unos ocho, e hicieron su trabajo” señalaron agradeciendo el buen actuar policial.

Se pudo saber que una línea especulativa es que se trataría de una banda de delincuentes provenientes de la provincia de Buenos Aires, del conurbano. Algunos vecinos comentaron también que una camioneta importante, blanca, proveniente del gran Buenos Aires estuvo en el barrio en el día anterior, actuando de manera sospechosa, principalmente tomando direcciones, confiaron a cronistas de este medio.
Otro de los detalles, es que en Esperanza, usted puede encontrar cerrajero las 24 horas. Esta familia lo descubrió porque debió llamarlo en su dirección de Alvear y Rodríguez Peña, y por supuesto, un trabajo e inversión en seguridad que tiene su costo, más para un matrimonio de jubilados con la mínima. Precisamente, cuando los cronistas de El Colono del Oeste saludan a la familia, llega el cerrajero. La violación de domicilio e invasión a una propiedad privada, deja esa sensación permanente, de inseguridad y que se debe invertir para no volver a pasar momentos tan devastadores como éste.

Daniel Frank

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