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Mónica Guilmard: “Amar y creer son la base para construir una identidad en el arte”

“Hace 9 años conocí la pintura. Pero hay un antecedente espiritual muy especial. A los 22 años pude compartir con Eva Erni Borla largas charlas en su casa atelier en el Barrio Sur”. Una pintora y escultora esperancina cuyos cuadros están en la casa de Susana Giménez y en el Vaticano, por citar dos lugares.

“Ella era un ser angelical, diferente. Me abría las puertas de su casa y yo me quedaba horas con ella, conversando siempre en las tardecitas.
Incluso un día me pidió que hiciera de modelo para uno de sus cuadros, que luego vendió, así que no sé por dónde andará mi rostro en esa pintura” dice y sonríe ante la entrevista en El Colono del Oeste.
Cuenta que un día, hace 9 años, se levantó y el primer pensamiento fue ir al Liceo Municipal, a aprender a pintar. Su primer maestro fue Danilo Grasso durante tres años y posteriormente concurrió a su taller.
Para ella un hecho importante fue cuando la invitaron a ser parte de la comisión de los Artistas Plásticos de Esperanza y de poder desarrollar diferentes labores en el Museo Héctor Borla.
“El ver como se presenta una obra, como montarla, hacer los papeles, charlar con los artistas, me abrió la cabeza. Fue un aprendizaje muy importante” reflexiona.
Un paso destacado en su vida como pintora fue participar del Salón de Socios y comenzar a exponer, ante jurados como Nelsa Widder y el arquitecto y plástico Héctor Batalla, “quien me dio consejos muy importantes que me hicieron tomar decisiones para mi bien como artista plástica” nos cuenta.
Pronto apareció en su vida la licenciada en arte Inés Barlasina. Una de las más grandes maestras de la enseñanza en materia de arte plástico en la ciudad.
“Su perfil bajo nace de su humildad, pero su extrema generosidad en la enseñanza de todas las formas y expresiones en la pintura es magnífica. Una extraordinaria líder positiva que es muy valiosa” nos confiesa la erntrevistada. Desde el año 2015 comenzó a encontrar “su arte” y su “identidad”, con más horas de pintura, técnicas y materiales.
“Estoy convencida que el amar y creer son la base para encontrar tu identidad en el arte, pero entendiendo, con los pies en la tierra, que no hay hecho mágico, sino que todo tiene un tiempo, un proceso, un desarrollo de la personalidad y de maduración en nuestra persona y con nuestros conocimientos que evolucionan” sostiene.
Un hecho que juzga trascendente fue la muestra de Seis en el Arte, exposición colectiva realizada en el Museo de Arte Héctor Borla.
Otro punto sobresaliente en su vida personal y artística fue la Muestra realizada en la Fundación Ramseyer Dayer, donde sólo en una pared expuso 27, pinturas más otras 25 obras en la casa de la Fundación de calle 25 de Mayo.
“Creo que fue importante para descubrir una línea, una identidad, el saber que ese cuadro es tuyo sin que lean tu firma. Son cosas que se logran con el paso del tiempo, y a veces, no se consigue nunca” advierte y se siente afortunada por ello.
Por supuesto que un salto fundamental fue la muestra hecha en Buenos Aires, donde fue seleccionada entre otros centenares artistas argentinos y que tiene un alto nivel de selectividad.
“Fue una experiencia única. Días de mucha ansiedad. De inversión económica contando con el amor y el apoyo inestimable de mi esposo Lucas Borla con quien me casé hace cinco años”.
Consultada sobre el porqué no usa el apellido Guilmard Borla, considerando que Héctor Borla, el plástico esperancino es de fama nacional e internacional -su pintura representó, por ejemplo, a la Argentina en Francia- y uno de los pintores más queridos y respetados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, contesta que “no me parece bueno usar ese apellido, y menos que me comparen con él, que es un Dios en Buenos Aires. Es una cuestión de respeto”.
“Durante la exposición en la Capital Federal tuve la posibilidad de hablar con el maestro Marcos Otero, de nivel internacional. Y realmente se me llenaron los ojos de lágrimas cuando me dijo: “pasé y no pude no detenerme ante tu obra, ésto difícilmente los pintores lo dicen de otro, pero esa es la verdad” entonces lo abracé y le agradecí emocionada.
La otra sorpresa fue que me regalaran la Revista Maleva y en ella estaban las diez obras y autores que no se podían dejar de ver. Fue enorme la alegría de verme en esa lista de diez autores”.
Buenos Aires es una meta a ganar, y un espacio para vender, como Punta del Este, Uruguay, donde posteriormente y recientemente estuvo presente con sus cuadros.
“Aprendí muchas cosas, entre ellas, cómo vender, estar preparado legalmente para ello, además de producir obras y de construir markentig tenés que saber que las obras se pagan por tarjeta de crédito y que tenés que vender legal, con recibo. Y saber invertir en uno mismo. Porque si esperás el momento, no llega nunca.
Cuando fui a exponer a Buenos Aires tuve un gran apoyo al ser seleccionada en un programa de siete artistas seleccionados por la provincia. Pero montar el stand eran 40 mil pesos que debí pagar. Y nosotros somos una familia de trabajo… Son decisiones que se toman en familia y en eso, bendigo la familia que tengo, porque sin su apoyo es imposible hacerlo.
Pero, los consejos de los grandes artistas en Buenos Aires y Punta del Este son los mismos. Hay que salir y buscar mercado, donde existe el mercado.
Después de Buenos Aires me ofrecieron ir a la Muestra en el Hipódromo de Palermo, pero tuve que decir que no, por la cantidad de nuevas obras que necesitaba y por mi trabajo -en el Concejo Municipal de Esperanza- pero soy consciente que por la muestra de la Fundación Ramseyer Dayer pasaron 200 personas, pero por la exposición en Buenos Aires fueron 70 mil asistentes de todo el país y del extranjero.
La idea es seguir con los pies en la tierra, continuar exponiendo en mi ciudad y la provincia, agradecida del espacio que me brindan, pero ya crear en este 2019 mi atellier en mi casa, pintar más horas, estudiar, volcar otras inquietudes a mis paisajes. Por ejemplo, siempre que paso por la plaza admiro la estructura del Palacio Municipal, y me digo, cómo es posible que a alguien se le ocurriera construir semejante palacio en medio del campo, de la nada. Algún día voy a hacer algo con ello.
Lo que sí me gustaría es que en mi ciudad hubiera una ordenanza como en Córdoba o en Buenos Aires, para que los espacios públicos, los edificios, tuvieran obras de artistas locales y que construyéramos ordenanzas con una política de defensa y desarrollo de nuestros artistas. Creo que se pueden hacer muchas cosas si nos ponemos de acuerdo”.

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