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Panorama Internacional

 

 Por Mauricio Yennerich*.-    La política exterior, cuya lógica es radicalmente diferente a la doméstica, siempre ha sido fundamental para el desarrollo de las naciones modernas. Nuestro país, en ese aspecto, en lugar de ofrecer confianza, se muestra paralizado por conflictos internos producidos por una puja de poder que tiene como rehén a la sociedad y en la que ganan siempre los mismos: la impunidad y la decadencia. El resultado es una población con grados crecientes de irritación, cada vez más dividida, precaria intelectualmente y lejos del desarrollo que supo ser capaz de impulsar, por caso, a fines de los ‘60.

Un sumario de la situación internacional debería llamar la atención sobre lo costoso e incluso irreparable que puede ser y de hecho viene siendo, este letargo, esta calamidad que representa una dirigencia ignorante, incapaz de ver más allá de sus narices.

 

Repliegue nacionalista

Donald Trump, presidente de los EEUU, ha comparado recientemente, al presidente de la Reserva Federal de su país, Jerome Powell con el presidente de China, Xi Jimping, tratándolo de enemigo por su resistencia a bajar las tasas de interés. Asimismo el mandatario ha ordenado a las empresas estadounidenses abandonar el territorio Chino. La primera cuestión obedece a la lectura de la salida que el mandatario hace de la recesión económica, la segunda, a la denominada “Guerra comercial” que es, básicamente, una escalada mutua en los precios de los aranceles a las exportaciones. Cruzando el Atlántico, Boris Johnson, el premier británico, se ha presentado como un ferviente promotor del Brexit: la salida de Inglaterra de la Unión Europea.

En Sudamérica, Venezuela viene recibiendo asistencia financiera de Rusia y desde su territorio, se han detectado vuelos diarios a Teherán. No sería descabellado presumir, que las recíprocas visitas a la capital de Irán, se explican por algo más que escapadas de descanso.

Rusia viene desarrollando un complejo militar innovador estilo “súper-potencia mundial” y su líder, Vladimir Putin, no vacila, carece de restricciones morales a la hora de atacar y avanzar. Su tratamiento de la disidencia chechena lo ha demostrado.

El Chino Xi Jimping, es hijo de un alto jerarca comunista. En los ´90, mientras sus amigos viajaban a los lugares más occidentalizados, como Hong Kong, para hacer fortuna, decidió estudiar en su país y permanecer en él. Nunca quiso aprender un idioma extranjero y desde que asumió, en 2012, ha extinguido todo desafío a su autoridad. Su país es el propietario de 56 estaciones portuarias en Sudamérica, lo que motivó, como veremos, el ofrecimiento de instrucción, herramientas y financiamiento del Comando Sur de los Estados Unidos a nuestro país y a todos los que deseen plegarse a su política exterior.

En Alemania Ángela Merkel está en retirada y con ella, cierta salvaguarda de cordura.

En síntesis, cuando a principios de la década, Thomas Piketty advertía que una de las consecuencias de la caída sostenida del crecimiento económico y de la preponderancia de las fortunas personales, sería un repliegue del nacionalismo, daba en la tecla.

A tal punto es evidente un recrudecimiento de las amenazas y la conflictividad que, como adelantamos, el Comando Sur de Estados Unidos , invocando un “debilitamiento de su influencia, sobre todo frente a otros actores del sistema internacional que intentan adentrarse y ganar dominio, como lo viene haciendo China y Rusia” (zona-militar.com 17/08/19), propone “asociaciones sólidas” que serían bien diferentes a las establecidas en virtud de la “relaciones carnales” que el entonces canciller Guido Di Tella planteó en los `90, en la época del Washington Consenssus, cuando el objetivo era, sobre todo, hacer buenos negocios con las empresas públicas.

En ese sentido, el Almirante Craig S. Faller, Comandante en Jefe del Comando Sur, plantea ofrecer “(…) educación, entrenamiento, ejercicios combinados y equipamiento de los Estados Unidos para las Fuerzas Armadas del hemisferio sur. Su intención es arrojar más dinero a programas de capacitación mediante el programa de Educación Militar Internacional administrado por el Departamento de Defensa, que ya existe, pero que por culpa de los recortes y la reducción de cupos para las naciones asociadas, se fue deteriorando”.

Esto constituye todo un tema para nuestra generación –los + 40– que debería ser capaz de distinguir lo negativo de las dictaduras, de todo lo positivo que implica tener vigorosas, bien entrenadas y pertrechadas Fuerzas Armadas, actuando bajo estricta observancia de los derechos y garantías civiles, consagrados en la Constitución nacional.

 

*Profesor de Geografía, Facultad de Humanidades y Ciencias; Maestrando en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. UNIVERSIDAD NACIONAL DEL LITORAL.

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