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Profunda bronca y dolor de todo un club y un barrio

“Lo que roban es el botín, la pelota o la hamburguesa a los pibes” explicó un dirigente. El Club Sportivo del Norte padeció el quinto robo en 30 días. Se llevaron toda la carne y choricitos de la cena del sábado. Además del equipo de música de las chicas del Patín, entre otros bienes.

 

No puede ser. Los ojos llenos de lágrimas, de hombres curtidos por el trabajo desde muy chicos chicos, conmueven de verlos.
Mujeres que miran hacia el piso o hacia el techo. La tristeza dibujadaen el rostro.
Sportivo del Norte no es un club. Es un templo social y deportivo del popular Barrio Norte.
Sportivo es una religión con su credo que no quiere pibes en la calle en un barrio que pelea dia y noche la moneda.
No puede ser. Ellos no se lo merecen. Los pibes del Barrio Norte y de La Orilla. Chicos a los que el club protege sin hacer caso de las esquelas que manda el cansancio, porque estos dirigentes son todos obreros de fábricas, albañiles, comerciantes del barrio, que miran el perjuicio impotentes y lo sufren en carne viva.
“No nos roban a nosotros, ni al club, le roban a los pibes, su botin, su pelota, su hamburguesa del sábado.
Nos roban la carne para la cena del sábado. Nos rompen cinco puertas” cuentan a los cronistas de El Colono del Oeste en la sede del club, con un tono de tristeza que te sacude el corazón , mientras van llegando los vecinos que se van enterando por la radio Dinámica con el periodista Fernando Moerch, que está también presente en la charla en la sede del club.
Cinco veces en un mes robaron. “Se ensañaron con nosotros. Le robaron a las bochas, al patín, al fútbol. Como lo habían hecho con San Lorenzo en su momento o con Defensores del Oeste, y te duele, porque vos juntas monedita por monedita y es todo para los pibes, para que hagan deporte, para que no estén en la calle con mala junta, para que se socialicen y se vinculen sanamente”.
“Somos un puñadito de vecinos del barrio, como los dirigentes de todos los clubes de los barrios de Esperanza, por eso, llegar y ver todo roto, tirado, robado, te va destruyendo, te muele las ganas de seguir. Nos robaron toda la carne y los choricitos de la cena del sábado y nos rompieron cinco puertas, estamos destruidos” nos dicen desconsolados.
“Ingresaron posiblemente pasadas las 11. Cuando empezó la lluvia de la noche del lunes. Ello lo creemos porque no hay huellas en barro externo. Pero sí una huella de zapatillas con barro en el interior.
Es seguro que la lluvia de la noche borró las huellas de afuera pero no las de adentro” analizan.
Pareciera que los “muchachones” como los llama el colega Moerch estuvieron al acecho. Y no son niños o adolescentes porque para barretear cinco puertas- una de ellas era nueva- y hundir literalmente los marcos de una que no pudieron abrir, se necesita mucha fuerza.
Se llevaron además, los paquetes de caramelos y especialmente unas cuantas cajas de chicles.
Y también tuvieron el descaro de sacar de la heladera pollo frío y beber lo que encontraron, e incluso comer de postre alfajores de chocolate, algunos en parte porque tiraron sus restos. Como una burla más al enorme trabajo humano que hacen los vecinos y dirigentes del “Negro”.
“¡Cinco veces nos robaron. Cinco veces en 30 días!” repiten con la bronca y el dolor que da la impotencia, de gente buena y laburadora que no merece este insulto de dos o tres desclasados.
Quien nació y creció en el Barrio Norte ama a su barrio. Donde esté. Porque uno no se va nunca del barrio. Tendrá por siempre su corazón mirando al Norte.
Y hay hechos como estos que son profundamente delictivos, porque le roban al que no tiene y encima donde hay gente que hace el bien, dando a otros su tiempo y su esfuerzo cuando incluso a su propia familia y a sí mismo les falta o les pudiera faltar.
Por eso es que estos hechos son, moralmente, imperdonables.

Daniel Frank

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