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El “respeto por el territorio” y el cuarto mandato de Ana María Meiners

Por Mauricio Yennerich.-   En esta nota quisiera aproximarme, con respuestas tentativas, a la pregunta por la tercera reelección de Ana María Meiners, partiendo del supuesto, según el cual, la falta de alternancia en el poder es un rasgo característico de sociedades que sienten poco aprecio por la democracia.

En primer lugar, el voto a Meiners se explica, en lo estrictamente electoral, por la afluencia de tres vertientes: 1) quienes la conocen y han recibido algún favor, grande o pequeño, (por derecha o por izquierda, eso ahora no viene al caso); 2) quienes ven que su gobierno ha hecho bien las cosas y no encuentran razones de peso para cambiar; y 3) quienes no quieren que vuelvan los radicales.

En el plano territorial, mi hipótesis es que la permanencia en el cargo de Meiners, por sucesivas reelecciones, se explica, fundamentalmente, por un acuerdo entre el senador por el departamento Las Colonias, contador Rubén Pirola, y el ex vice-gobernador de la provincia, contador Carlos Fascendini.

Pirola fue más allá, incluso. Recientemente, el senador ha votado a favor de un proyecto de Presupuesto elaborado por el Ingeniero Lifschitz “sobre tablas, sin una sola modificación [y] a libro cerrado” (El Litoral, 22 de noviembre de 2019). Esta situación es considerada inédita, pues, si bien en el marco de transiciones de gestión del mismo color partidario, habría antecedentes, nunca antes un gobernador saliente le preparó el presupuesto a un gobierno entrante, nunca.

Junto a Pirola, votaron positivamente también los senadores Armando Traferri (PJ, San Lorenzo) y Felipe Michlig (UCR, San Cristóbal). Esto indujo a los presidentes comunales e intendentes a sostener  “que la media sanción que obtuvo el Presupuesto 2020 enviado por el saliente gobernador Miguel Lifschitz es una falta de respeto a todos los santafesinos y santafesinas”.

 

Business are business

El “respeto por el territorio”, que ha esclerotizado al departamento ejecutivo municipal, se explica por varias razones, una de ellas, puede ser la nula injerencia que han tenido instituciones de formación política tales como el Centro de Estudios Municipales y Provinciales (CEMPURO) o la Escuela de Formación Política del Partido Socialista. Toda vez que, estos centros de estudios, actúan como faros para la militancia política democrática y pluralista.

Democracia y pluralismo son, para proyectos políticos basados  en el “respeto por el  territorio”, lo que la criptonita es para Súperman. Más aún si estas instancias están institucionalizadas y tienen en sus filas cuadros con experiencia de gestión. Por ejemplo, se apoyaron mucho en el CEMUPRO y la Escuela del PS, los doctores Hermes Juan Binner y Miguel Cappiello.

Binner, antes de ser el primer gobernador socialista de Argentina, y Cappiello, el ministro gestor del mejor sistema de Salud del país, diagramaron sus lineamientos políticos, a partir de una histórica concertación progresista, que arribó al gobierno de la Municipalidad de Rosario en 1995, con insumos conceptuales provenientes de este tipo de organizaciones que nunca han podido hacer pie en Esperanza, y cuando lo han hecho, esporádicamente, fue con suma resistencia.

 

¿Gobiernos democráticos o dinastías de barrio?

Esto no quiere decir que Meiners no haya desarrollado estrategias eficaces para consolidar su posición. Nadie le puede enseñar a  un peronista a construir poder desde el Estado. En el plano de los enunciados prácticos, resalta un rasgo notable de la política local: la transferencia de posiciones, incluso, la lucha por posiciones, basadas en alianzas familiares o por parentesco, disputas en las que son observables madres que, no sólo son fervientes militantes de sus hijos, sino también, muchas de ellas, parte del funcionariado. Esposas de, maridos, primos, la nuera, el yerno, los hermanos y hermanas, etcétera, constituyen la ligazón primordial que garantiza la coherencia (cuando no la complicidad) necesaria para que, parafraseando a Alfonsín, “la casa esté en orden”. Este predominio dinástico, es algo que la gestión actual condenaba del radicalismo y, sin embargo, no ha podido o no ha querido modificar.