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Sofía Ambort misiona con los más humildes en Ecuador

“El domingo 20 partiré hacia Ecuador con Puntos Corazón por 14 meses. Mi alma va con las palabras de San Ignacio de Loyola: “Toma Señor cuanto soy y tengo. Tú me lo diste, a ti Señor, te lo devuelvo”. Sofía como anunció ya se encuentra de Misión.

Sofía Ambort es de San Carlos Centro, ciudad que queda a 50 km. de la capital de Santa Fe, y el domingo 20 de enero partió  a Guayaquil, Ecuador. Fue como voluntaria del movimiento católico internacional Puntos Corazón, obra en la que las casas se llaman Puntos y las personas son puro amor.
Tiene 24 años y es misionera. Fue catequista y estudia para trabajar como profesora de Matemáticas. Sofía vivirá 14 meses en un barrio de la urbe que tiene la mayor tasa de pobreza del país.
“Vi mucho dolor en mi familia. En especial en mi papá, quien el 7 de diciembre de 2017 tuvo un accidente que lo dejó incapacitado para caminar y realizar su trabajo. Percibí en él mucha sed de Cristo e interpreté que era un llamado del cielo. Me esforcé entonces por darle ánimo y comencé a leerle el Evangelio. Noté una gran apertura de su corazón.

En una oportunidad, me expresó que le hubiera gustado que yo hubiese compartido antes la Palabra con él, lo que me hizo reflexionar sobre cuán atentos debemos estar a las necesidades de los demás. Asimismo, de a poco fui aprendiendo a ser más misericordiosa con mi mamá y con mis hermanas y comprender que tenemos tiempos diferentes y que es importante respetarlos.
Él me salvó cuando toqué fondo.

Durante mi adolescencia llevé una vida muy desordenada, con una ausencia total de Cristo. Sentía que nada de lo que elegía me hacía feliz y que mi existencia no tenía sentido. Mis decisiones me conducían a un abismo del que no podía salir y estaba siempre angustiada. Hice terapia con psicólogos y llegué a estar medicada por psiquiatras, fue muy extremo todo.

En ese contexto, una persona fue instrumento para que yo empezara a frecuentar entornos distintos y me vinculara a la Iglesia. Comencé a ir a misa sin involucrarme y en noviembre de 2013 participé en mi ciudad de un encuentro para jóvenes llamado La Barca. Ahí experimenté por primera vez el amor de Dios y logré sanar muchas heridas.
Conocí la máxima de San Agustín: “Debes vaciarte de aquello con lo que estás lleno, para poder ser llenado de aquello de lo que estás vacío”, pero no fue fácil. Tuve momentos de desierto que superé gracias al apoyo de la comunidad. Milagrosamente, en un encuentro organizado por el Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana en 2015 conocí a una chica que pertenecía a Puntos Corazón y me contó de qué se trataba.

En 2016 una amiga me propuso incorporarme al voluntariado de Spínola Solidaria, que es una fundación católica que contribuye a garantizar el derecho a la educación.Me sumé a las tardes de merienda y apoyo escolar que los niños de un barrio sancarlino comparten en el espacio recreativo La Casita de Guadalupe y viajé por primera vez como misionera. Fueron 20 días en Ayolas, Paraguay. Recuerdo que cada noche, cuando me iba a acostar, no podía borrarme los rostros de los chicos advirtiendo cómo Dios habitaba en las personas.
Al poco tiempo, formé parte del Ministerio de Intercesión de Tierra Fértil, en Franck. En medio de mucha oración, confirmé mi inspiración.

En diciembre de 2017, asistí a un retiro de adviento organizado por el movimiento y en 2018 empecé a formarme para la experiencia de 14 meses yrealicé los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

A Puntos Corazón los distingue su carisma, la compasión:el ser presencia en la vida de los demás, acompañar sobre todo a quienes sufren.

Los misioneros somos sostenidos gracias a la caridad y a la oración de la gente.Tenemos padrinos económicos, que son personas, empresas o instituciones que donan dinero por mes, por trimestre o por única vez; y espirituales, que a diario rezan por la obra.

Antes de viajar, se nos solicitan además $20.000 para cubrir el pasaje de avión, monto que no varía vaya uno a Chile o India. Realicé beneficios y estoy agradecida con quienes compraron los alimentos y del chop bingo que organizamos con Ludmila Roldán de Esperanza, que irá a El Salvador.

Misionar será un servicio para mis hermanos más necesitados.

Cuando vuelva, retomaré mi rutina mirando lo cotidiano con otros ojos. Yo tengomis planes, pero no sé cuáles van a ser los planes de Dios”.

 

Fuentes: El Colono del Oeste, Saber Más y Radio María.

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