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Somos aquello de lo que la historia nos nutre

Somos lo que nuestro tiempo, los vínculos y la historia construyen.
Si usted nació en el ’70, ama al rock nacional, al folklore y se emociona con Sandro y Tormenta. Adora a los militares o los detesta, los curas villeros son cristianos comprometidos o comunistas infiltrados en la iglesia católica, comenzando por el Papa Francisco y la política, para todos, es un tema serio. Seguro milita en alguna vecinal, forma parte de una institución o tiene compromiso con su familia y la gente del barrio.

Si usted es un pibe hoy, a la cumbia de Los Palmeras las tararea , adora las fiestas electrónicas y a las botellitas de agua, es su placer y nada mejor que una buena birra fría. No tiene idea de la política porque son todos ladrones, Macri es Gato que gobierna para los ricos o kirchnerista ladrón que se robaron todo; mientras vive con su cabeza adentro de una computadora o un teléfono y necesita urgente menos “Face” y más “Book” para no morir de un ACV.

Los padres de antes no son los de ahora y las madres de antes no son las de hoy. Los padres de antes podían tener alguna que otra mujer, pero una sola esposa con sus respectivos hijos. Los de ahora están obligados a poner en el almanaque a cuál de sus hijos deben visitar esta semana. Y la mujer debe saber qué cuotas cobrar por cada padre. Mientras, sufre horrores para organizar sus vacaciones.
Las mujeres de antes se vestían como solteras cuando eran solteras y casadas cuando eran casadas. Las de cuarenta hoy se visten como sus hijas de 16, y suelen ir a los mismos boliches que sus hijas a perrear, y tomar del jarro juntas. Y hasta no pocas suelen hasta compartir el porrito o gustarle el mismo “chico”.

Las chicas quieren ser grandes y las grandes pagan fortunas para no serlo, reventando las tarjetas.

Los pibes de antes sabían diferenciar el buen consejo aunque viniera de un mal padre. Y los pibes de hoy no siguen consejos, sino ejemplos. Siguen vidas, no palabras.

Los de los ’70 tenían al frente un ideal de trabajo y de familia, a la derecha la escuela, a la izquierda su club y detrás sus padres que siempre eran dos y un credo en qué creer.
Los de hoy tienen al frente el ideal de ganar plata sin trabajar, a la derecha tener vínculos con poder para tener plata y cargo sin esfuerzo, a la izquierda todo lo que sea divertido y sin compromiso; detrás a casi nadie, y nadie para creer, sino sólo seguir a los que están en la misma.

Los jóvenes de los setenta murieron por ideales. Los de hoy, por accidente. Muchos de ellos, casi con la misma razón por la que han nacido.

Daniel Frank

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