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Tres mujeres ennoblecen la amistad con Gabriela

A las 17,30 de ayer martes, una larga fila de mujeres esperancinas ocupan en extenso la vereda de calle Rivadavia, que hace esquina casi con calle Lehmann. Dentro del local las tres amigas de Gabriela Degiorgio y de su familia, atieden con una sonrisa de gratitud, a cada mujer que ingresa al local a cuentagotas por la cantidad que son.

La ropa femenina y los accesorios van siendo comprados uno a uno. La bondad en el rostro de quienes esperaban pacientemente su turno, se hace un gesto solidario que le da calidez al sitio. Comparten este momento de desgracia, para demostrarse y mostrar al pueblo esperancino una postura ante la adversidad. Que el amor es más fuerte que la peor tristeza.

“Vamos a estar desde las 17,30 del miércoles y jueves, hasta terminar con el stock. Es un acto de colaboración con la familia y nuestra forma de manifestar nuestro profundo afecto por nuestra amiga” dicen las tres esperancinas que se plantearon ayudar, de manera efectiva y con actos de amor, a la familia de Gabriela.

Lentamente la tarde va cayendo en Esperanza y las tres amigas siguen firmes al frente de la caja, de la atención esmerada a cada una de las clientas.

Las primeras sombras ganan la calle Rivadavia pero ninguna de las  mujeres esperancinas dejan su lugar. Esperan con enorme paciencia femenina. Conmueve verlas.

Han venido de todos los barrios a colaborar con el esposo de Gabriela y sus dos hijos, con las familias que hoy sienten este pesar que duele demasiado, que abruma, que pesa. Ellas son como un abrazo de madre, de esposa, de amiga, de mujer.

Esas mujeres que se encolumnan en la vereda tienen todas las edades y casi no sienten el paso del tiempo. Mañana seguramente será lo mismo y el jueves repetirán el rito. A puro corazón abierto.

Son cada una de ellas como un rezo callado, como un lirio en la capilla más humilde, como un canto de la Esperanza que no se rinde en su reclamo silencioso por la vida, por Gabriela, y por todas las Gabrielas que habitan esta ciudad.

El letrero de Carmina ya se apaga. El amor por Gabriela nunca. La calidad de la mujer esperancina que se reúne en la adversidad muestra el invalorable y eterno corazón ennoblecido de la mujer que tiene en Esperanza una historia de coraje extraordinario.

La lucha no termina. Porque el amor siempre será más fuerte que la ausencia, y trascenderá infinitamente más allá de lo temporal.

Dios desde el cielo, junto a Gabriela, las mira con respeto y las bendice.

Daniel Frank

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