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Unión sigue firme en sus proyectos para crecer como institución deportiva

Es gente del Barrio Parque Jardín. Familias obreras, empleados, trabajadores, sectores humildes. En el oeste de la ciudad. Un club que tiene 100 años y que llena de vida a una gran barriada esperancina, de niños, jóvenes y adultos.

Para muchos de ellos que hacen fútbol, voley, patín, gimnasia entre otros deportes, Unión es su segundo hogar. Y para ese puñado de dirigentes que lleva al club en el alma, también.

El domingo fue de éxito deportivo ante el importante Sarmiento de Humboldt. Y la hinchada cantaba: “¡ Vamos, vamos los pibes, vamos, vamos los pibes!”. Y es que una enorme mayoría del plantel, la primera división, son los pibes de ayer y los de hoy del verde repollero.

Más allá del éxito deportivo hay otras historias de amor al club y son las obras. La obra de la cancha de fútbol 5, el despachador de bebidas y gastronomía para los visitantes en el sector sur- allí irían las cabinas para los periodistas deportivos- así como la extensión del asador local- sector sur de la cancha de fútbol- por sobre el cual se proyecta construir plateas, volteándose las actuales cabinas para la prensa.

El proyecto de tribunas de cemento- para mayor seguridad- en las cabeceras detrás de los arcos para los visitantes. Son algunas de las obras que se hacen y se planifican para crecer.

Pero hay una especial. Al lado de la cancha auxiliar, en el sector oeste del predio, se construyó un espacio separado de toda la estructura edilicia, sólo para la novena división de fútbol (foto). Un espacio de seguridad donde los papás y mamás pueden estar acompañando a los más pequeños.

Un obra que habla de la sensibilidad dirigencial en un tema donde siempre hay que tener especial cuidado como son los más chiquitos, y que pinta de cuerpo entero la calidad moral de su dirigencia acorde a los tiempos que están y los que vienen.

Una anécdota final

No son tiempos fáciles en materia económica. Y los clubes esperancinos se están acostumbrando, para bien, a ser solidarios unos con otros. Tal vez estas cosas no se vean, pero es bueno que se sepan.

Unión tenía una máquina para cortar el césped. Pero se rompió. Entonces la gente de Bartolomé Mitre le daba una mano con la suya. Pero, se rompió también. Como falta dinero para reponerlas -de 90 mil pesos pasaron a 150 mil pesos en un abrir y cerrar de ojos- entonces el Presidente de Unión les presta la propia a los dos clubes.

Un codo a codo y espalda contra espalda de los clubes esperancinos, para que la barriada siga cantando: “¡ Vamos , vamos los pibes, vamos vamos los pibes !” con el sueño de ser campeón de la Liga Esperancina de Fútbol.

 

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