Hay palabras que tienen un aire de superioridad. Sutileza, matriz, paradoja, teatro, encrucijada, estridencia, por ejemplo. Por supuesto que es una apreciación subjetiva, pero seguramente cada uno de los que trabajan con la palabra tiene una lista a la que recurrir para reforzar discursos, redacciones o simples charlas. Se las usa para embellecer, para presumir, y también para adornar el argumento con una pincelada de autoridad.
En la lista de muchos polĂticos, economistas y analistas figura la palabra sustentabilidad. La emplean como un comodĂn que llena vacĂos. Que los releva de mayor explicaciĂłn. Afirman que algo es sustentable, o que no lo es, con la seguridad de una sentencia categĂłrica. Que no requiere justificaciĂłn. Es indiscutible. La palabra sustentabilidad tiene ese don de superioridad y autoridad que la torna atractiva y funcional.
Como actualmente lo demuestra el palabrerĂo alrededor de la reforma del sistema previsional que impulsa la Casa Rosada. En el discurso de relanzamiento de su gobierno en el CCK tras la victoria electoral, Mauricio Macri dijo: “Tenemos que empezar una discusiĂłn adulta y honesta sobre nuestro sistema de jubilaciones. Sabemos que nuestro sistema previsional no es sustentable”. Tras el acuerdo con los gobernadores de la semana pasada, Marcos Peña declarĂł que “el objetivo de los cambios es darle sustentabilidad al sistema previsional”.Â
¿A qué sustentabilidad se refieren? ¿Qué es lo que entienden por sustentabilidad? ¿Hay acaso un criterio único para definir la sustentabilidad de un sistema previsional?
Ingenuos y desinformados quienes crean que la sustentabilidad se evalĂşa o se define aplicando alguna tĂ©cnica o teorĂa. Como suele suceder con estas cosas, la sustentabilidad de un sistema previsional se determina polĂticamente. Es una obviedad, pero una obviedad que no está concientizada. Si los jubilados ganan a, b o z, no será como resultado de una fĂłrmula asĂ©ptica.
 Si los jubilados ganan a, b o z, no será como resultado de una fórmula aséptica
Toda jubilaciĂłn es polĂtica
Lo que realmente subyace en el argumento de la mayorĂa de los que señalan que la situaciĂłn actual es insostenible, es la lĂłgica segĂşn la cual un sistema previsional debe tener un equilibrio en el tiempo entre los ingresos por aportes personales y contribuciones patronales, y lo que se paga por jubilaciones y pensiones.
Aunque esa fuera la Ăşnica manera de concebir la sustentabilidad, tampoco estarĂa exenta de polĂtica. Sencillo: ese equilibrio se puede alcanzar con infinitas combinaciones de niveles de aportes, contribuciones y de valores y escalas de jubilaciones y pensiones. La selecciĂłn de una de esas alternativas, es tarea de la polĂtica.
Mucho más condimento polĂtico aĂşn, si se acepta que el sistema previsional no necesariamente tiene que estar acotado a los aportes, contribuciones, jubilaciones y pensiones. No hay ninguna razĂłn, que no sea polĂtica, para descartar otro tipo de recursos.
De hecho, lo que sucede desde siempre es que el sistema no se financia solo con aportes y contribuciones. Cerca de un 40% de los gastos anuales de la Anses se cubren con fondos derivados de lo que la AFIP recauda por Ganancias, IVA, Combustibles y Cigarrillos. Eso es consecuencia de decisiones polĂticas adoptadas en su momento.
 Un 40% de los gastos anuales de la Anses se cubren con fondos derivados de lo que la AFIP recauda por Ganancias, IVA, Combustibles y Cigarrillos
TambiĂ©n fueron polĂticas las decisiones tomadas o impulsadas por el kirchnerismo de incorporar al sistema millones de personas que no estaban en condiciones de jubilarse, y de cargarle a la Anses el presupuesto de la AsignaciĂłn Universal por Hijo y de los planes Progresar y Conectar Igualdad, que en conjunto representan una nada despreciable dĂ©cima parte de todas las prestaciones de ese organismo. PodrĂan haber cubierto esos programas con más impuesto a los grandes patrimonios, y asĂ dotado a esas polĂticas de mayor progresividad. Pero no lo hicieron. Decisiones polĂticas.
Asimismo, ÂżquĂ© fue, si no polĂtica, la iniciativa del actual gobierno de promover la ley de ReparaciĂłn HistĂłrica para cientos de miles de jubilados?
Por todo eso, hablar de sustentabilidad en el aire tiene muy poco sentido. Tan poco sentido como serĂa sostener que la educaciĂłn pĂşblica es deficitaria o no es sustentable porque solo supone gastos.
Nuevamente, aunque sea extremadamente obvio, vale recordar que la educaciĂłn pĂşblica gratuita es consecuencia de la polĂtica.
Lo inexplicable y paradójico (para usar una de las palabras de la lista), es que quienes dicen estar preocupados por la insustentabilidad del sistema previsional están promoviendo una reforma que conlleva un serio riesgo de desfinanciar a la Anses.
Como parte del acuerdo con los gobernadores, que deja como principal ganadora a la bonaerense MarĂa Eugenia Vidal, el proyecto de reforma establece que el sistema previsional dejará de percibir algo más de $100.000 millones anuales provenientes de la recaudaciĂłn de Ganancias, lo que no alcanzarĂa a ser compensado con la derivaciĂłn de todo lo que recauda el impuesto al cheque. A esa pĂ©rdida se agrega el efecto de la rebaja de contribuciones patronales, que será creciente a medida que la parte del salario que quedará exenta del pago vaya aumentando hasta llegar en el año 2022 a 12.000 pesos (ajustados por inflaciĂłn).
Además hay que tener en cuenta que las cuentas de la Anses van a sufrir otro recorte de ingresos dispuesto por la Corte Suprema; y que la ReparaciĂłn HistĂłrica generĂł egresos extras a lo largo de los años sin fondos adicionales que lo cubran de manera sostenida, salvo, por Ăşnica vez, el impuesto al blanqueo de capitales. No fue esta una medida sustentable financieramente. Y eso fue una decisiĂłn polĂtica.
El desbalance generado por los cambios que vienen de arrastre y por los que el Gobierno está impulsando ahora, serĂa en parte neutralizado por el cambio en la fĂłrmula de movilidad jubilatoria, que de entrada le rebanarĂa entre 6 y 8 puntos (dependiendo de cĂłmo quede la nueva fĂłrmula de indexaciĂłn) al aumento en los haberes del año prĂłximo. De esa manera se rebajarĂa lo que los jubilados y pensionados hubiesen cobrado no solo en 2018, sino hasta el fin de sus dĂas.
 La matemática es implacable: atrasando el punto de partida, se atrasa la llegada a cada una de las escalas hasta el destino final
Ese “ahorro” en el pago a los jubilados tal vez alcance a lograr un tipo de sustentabilidad: la de los nĂşmeros de la Anses. Solo tal vez.
Lo que es seguro es que otra sustentabilidad se va a ver deteriorada: el nivel de vida de los jubilados.
