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domingo, julio 12, 2020
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Ni una menos ni la mitad

Cinco años de aquél día en que las mujeres salieron a la calle en todo el país para decir que paren la mano. Las que las golpean y las que las matan. Sin olvidar que una revolución exitosa se verá recién cuando las mujeres evolucionen e incluyan a los hombres en esa militancia, porque no se puede hacer una revolución entera con la mitad de la humanidad o de un país.

Del gobierno nacional anterior casi nada se puede decir. Y del actual que recién empieza, sólo que ha puesto cargos superñoquis bajo el mandato de una ministra como Elizabeth Gómez Alcorta, en el ministerio nacional de las Mujeres, Géneros y Diversidad, sin presupuesto ni sede hasta el momento.

Racismo y discriminación

Lo que se pretende en la Argentina y en el mundo es cambiar la cultura. Y si se pretende modificar desde la raíz es porque está mal. Desde hace  más de dos siglos y pico.

Y es tan profunda la cultura de la discriminación y el racismo que en todos los carteles de todos los niveles del Estado que hablan de ayuda social, igualdad, justicia y trato igualitario, las fotos son de mujeres morochas y niños morochos. Una mentalidad que viene desde los habitantes de Buenos Aires durante el Virreynato del Río de la Plata, con su hacendados y sus barcos ingleses negreros tratantes de personas.

No hay niños rubios pobres que merezcan ayuda, ni señores rubios golpeadores en la República Argentina. Al menos en los carteles del Estado.

Equidad y no justicia social

¿Qué es la Justicia Social? Básicamente dar a todos por igual. ¿Qués es la equidad? Dar a  cada uno lo que necesita para ser mejor. El mundo, y más con la pandemia, camina hacia una profunda desigualdad, que no es otra cosa que el mandato de destruir a la clase media. Como se ha hecho en la actual dictadura venezolana. Pero también con la brutal democracia brasilera. No es respuesta el liberal capitalismo ni el social comunismo. Los dos son zorros y los dos comen gallinas.

Necesitamos construir una patria de iguales bajo la unidad en la confraternidad. Y casi solos, porque ninguna sociedad del planeta ni colectivo va para allá.

El Estado debe poner política y plata

Los funcionarios nacionales, provinciales, muncipales y comunales así como las organizaciones no gubernamentales animan a las mujeres golpeadas a dejar a sus parejas golpeadoras. Eso es lógico y obvio. El tema central es bajo que condiciones. Y entonces comienza el problema grande.

Tal vez, las mujeres rubias que tienen una posición económica más sustentable e incluso una formación profesional más sólida, puedan hacerlo, más allá de lo duro y doloroso del paso. Pero, ¿puede una mujer que generalmente es morocha y pobre perder el sustento económico suyo y de sus hijos?.

En este punto, el Estado Argentino sólo le asegura que cambie el modelo de la cruz, pero dentro del mismo monte del calvario. Y en demasiados casos termina una joven, una mujer, soportando la paliza semanal por amor a sus hijos. Y no pocas veces, si lo abandona, termina en la muerte mientras el Estado le reparte papelitos con perimetrales al victimario.

Necesitamos un Estado que construya políticas, edifique sistemas y aporte el dinero necesario a los municipios y comunas, para que en todo el territorio nacional se efectivice y garantice la vida y la dignidad de las mujeres y de sus hijos.

Necesitamos un Estado que eduque de forma permanente, no que frecuente parlamentos con leyes incendiarias, para lograr votos en tiempos eleccionarios, fragmentando y dividiendo a la sociedad argentina con esta perversidad.

Necesitamos un cambio cultural, respeto a las diferencias, asistencia equitativa y educación permanente con fondos económicos suficientes que lleguen a los municipios y comunas. No necesitamos carcazas significativas.

Pero lo primero, es estar convencido que es posible una Argentina donde todos seamos imprescindibles y que sin distinción de género, no nos falte nadie.

Daniel Frank