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Recuperar la transparencia en Educación

Las instituciones, especialmente las educativas, son el resguardo de la sociedad. Es por medio de ellas que la sociedad se reproduce y expresa, sencillamente, y es en ellas donde se hace comprensible, pues estudiar la sociedad moderna como totalidad, sería una tarea ardua, un desvarío laborioso. Por eso se estudian las instituciones que se han generado en ella o que han sufrido transformaciones a partir del advenimiento de cambios sociales significativos. Por medio del análisis de los sindicatos, la familia, los partidos políticos, entre otras instituciones, se puede observar, reitero, de manera acotada e indirecta, el conjunto de la sociedad.
En efecto, la definición de institución es amplísima: el matrimonio lo es, una escuela lo es, el Banco Central lo es, una vecinal, el municipio, una Unidad Regional, también lo son. Siempre que se puedan observar situaciones y relaciones sociales, siempre que en un lugar y en un tiempo determinado, se entrecrucen las trayectorias individuales, tendremos institucionalidad.
El médico cirujano argentino, doctor René Favaloro, en la Conferencia sobre “Ciencia Educación y Desarrollo”, llevada a cabo en la Universidad de Tel Aviv, en 1995, dijo que “Dejaría de existir si no tuviera por delante desafíos que involucren por sobre todas las cosas, contribuir dentro y fuera de mi profesión al desarrollo ético del hombre” y que “debe entenderse que todos somos educadores. Cada acto de nuestra vida cotidiana tiene implicancias, a veces significativas. Procuremos entonces enseñar con el ejemplo”.

Los criterios de jerarquización
En esta nota, he tomado un caso, el de la exaltación que hizo de la Escuela de Fotografía Lux Capere, el Ingeniero Hugo Erbetta, Secretario Académico de la Universidad Nacional del Litoral y lo utilizaré como referencia para indagar un tipo de funcionamiento institucional basado en criterios que contradicen los principios de objetividad, imparcialidad y excelencia y ponen en primer plano lo personal.
En las instituciones, las jerarquías son fundamentales, pero mucho más aún, lo son aquellos criterios a partir de los cuales se jerarquiza a los actores, dentro de una institución: el escalafón, por ejemplo, es la herramienta principal de la que han de disponer las instituciones educativas, de seguridad y jurídicas, bajo la órbita estatal, para ordenar y orientar su política.
En una sociedad progresista las más altas jerarquías no se alcanzan por influencia, por presión o por dinero, se alcanzan, sobre todo, por el nivel de conocimiento. El conocimiento es el activo más importante de las sociedades progresistas.
En ese sentido, para documentar y corroborar los enunciados, he estado revisando una nota institucional, firmada por Erbetta, en julio de 2009 y presentada en el Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe, en la que se hace una exégesis del trabajo de la Escuela de Fotografía Lux Capere, dirigida por Gustavo Pomar, hermano de David -quien fuera integrante del destacamento de Inteligencia 122, entre 1976 y 1983, y luego Secretario de Prensa de la Municipalidad de Esperanza, hasta 1999- y Elsa Weppler.
La mencionada escuela estuvo apadrinada, asimismo, por el ex-vicegobernador contador Carlos Alcides Fascendini. A Erbetta lo pueden conocer por haber sido quien, en pleno conflicto por la contaminación por cromo de SADESA, pidió “racionalidad” en una conferencia de prensa llevada a cabo en la ex sede central del Centro de Industria, Comercio y Afincados de Esperanza (CICAE). Además, en virtud de sus pretensiones políticas, se integró a las comisiones parroquiales y el catolicismo local le abrió las puertas, al punto de ser el principal organizador de las peñas folclóricas de la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, del Barrio Norte. También, en la ex 102.1, la radio dirigida por Roberto Paravano, supo tener un programa y también fue coordinador, junto al Arquitecto Miguel S. Rodríguez, del Plan Estratégico Ciudad Esperanza (PECE).
La nota que escribe y firma el Ingeniero Erbetta dice que “la Universidad Nacional del Litoral tiene intenciones de impulsar la firma de un convenio con Lux Capere”, pero que “primero” debe obtener “el reconocimiento del Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe”.
La idea era implementar un Ciclo de Licenciatura en Fotografía, en la sede de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la histórica y reformista casa de altos estudios. Siendo el prestigio académico producto de la seriedad de los docentes e investigadores que integran una institución universitaria determinada, cabría preguntarnos: ¿Había chequeado los antecedentes personales, académicos y profesionales de los mencionados Pomar y Weppler antes de proponerlos como responsables de la mencionada Licenciatura? ¿Por qué “primero” el Ministerio debía dar reconocimiento a la mencionada institución? ¿Es coherente con los reglamentos básicos postular a una persona sin más titulación que la escuela secundaria, sin el más mínimo recorrido por las instituciones educativas y sin antecedentes educativos de ninguna índole, para coordinar una Licenciatura en -nada más ni nada menos- que la centenaria UNL?
En definitiva, Esperanza sigue sin tener una política educativa capaz de potenciar sus talentos y producir espacios de construcción social del conocimiento basados en la Democracia y el pluralismo. Quizás, una de las razones de esta carencia, sea el tipo de manejo institucional que hemos expresado en esta nota a partir de documentación probatoria.

Mauricio Yennerich