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Más de 250 litros de Caña con Ruda de “los Lorenzón”

Llegamos a las 6 de la mañana y ya había tres mujeres esperando” nos cuenta “Chavalón ” Chazarreta mientras despacha las copas de caña con ruda, gratuitamente a los numerosos presentes que asisten al ritual en el Bar de Lorenzón, uno de los mitos vivientes de la historia de Esperanza, en la esquina del buzón de Avenida de Los Colonizadores y San Padre Kreder.

En el mostrador están las copas desparramadas para que los parroquianos se sirvan a placer.
Miguel Lorenzón nos cuenta que “hicimos algo más de 250 litros. La intendente Ana María Meiners y concejales vienen a eso de las 11” porque el rito está instalado.
Un gaucho con sus ropas camperas y una mujer joven se acomodan y de un solo trago, consumen el brebaje santo.
El concejal Guillermo Bonvín junto a empresarios esperancinos de diversos sectores comerciales e industriales, charlan, a su costado un par de albañiles, tranquilos beben la copita trago a trago, con sus pausas respectivas.
Una monjita llega se toma la copita con discreción, un par de trabajadores municipales hacen un alto de sólo unos minutos, dos mujeres amas de casa y una enfermera, cumplen con la tradición nacida en el Paraguay, para el bienestar de la salud.
Una pequeña “latita” con un agujero en el centro, en el costado del mostrador permite que quien lo desee ponga su ayuda voluntaria de cualquier valor monetario.
Estudiantes que se adivinan de la universidad de las facultades de la UNL en nuestra ciudad, y un par de egresados de la misma, se juntan con la paisanada a beber por unos minutos y compartir la charla con los amigos que los sorprenden en el mismo acometido.
Un vecino, empresario de la ciudad mira desde su casa el espectáculo. Una maestra con años en la profesión lo saluda; caminando viene del Bar de los Lorenzón y los saluda con efusividad.
Luego se va y Héctor “El Negro” Benítez nos cuenta: “anoche llegué del Paraguay y me traje una botella de la auténtica caña con ruda paraguaya.
Estoy esperando a mis hijos, porque el ritual, nacido en el Paraguay, dice que tenés que tomar la caña con ruda, a la madrugada, mirando la salida del sol”.
Los “pìbes” llegan y cumplen con el sano y muy lindo ritual familiar.
Fácil es deducir que lo que sucede en el popular bar, se multiplica en los hogares en distintos barrios de Esperanza, en poblaciones vecinas como las de Franck, Humboldt, San Jerónimo Norte, Pilar, los San Carlos, al fin, en todos y cada uno de las tres ciudades y 34 comunas. Cada primero de agosto, esta fiesta sacralizada de la salud cívica, se repìte, en Argentina y en Latinoamérica, como un culto.

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