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viernes, mayo 29, 2020
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Dilemas del Grupo Vicentín SAIC con el sistema financiero bancario

El grupo agroindustrial Vicentín SAIC, inició sus actividades en Avellaneda, provincia de Santa Fe, a fines de los años 20 del siglo pasado, como un pequeño negocio de acopio. Luego comenzó a operar como planta algodonera, al incorporar maquinaria capaz de separar la fibra de algodón de sus semillas, con lo que obtuvo, por molienda, los primeros aceites de algodón, maní y lino, actividad que se potenció en 1966, con la aplicación de disolventes. En 1979 la familia Padoán, titular de la firma, inauguró una segunda planta en Ricardone, en el Sur de Santa Fe, consolidando su posición en el sector de producción y exportación de harinas de trigo, aceites de soja, girasol y pellets.
A principios de este siglo incursiona en el negocio textil, en sociedad con la empresa Algodonera Avellaneda y en el sector de las carnes, al fusionar a la empresa FRIAR. En 2005 instala un nodo operativo en Paraguay, dedicado a la exportación de Soja y una cuarta planta en San Lorenzo, con capacidad de molienda de 21.000 toneladas por día. Dos años más tarde, agregó a sus operaciones la producción de biocombustibles, transformándose en la primera compañía argentina en exportar biodiesel. Ese mismo año se incorporó al trust a Molinos Río de La Plata, especialmente interesado en la producción y comercialización de biodiesel, glicerina (C3H8O3) y aceites refinados. Actualmente Vicentín SAIC, continúa expandiéndose en las Redes económicas globales, consolidando su posición en actividades tales como: la producción de jugo de uvas, textiles, agroquímicos, vinos premium, recolección y exportación de miel, terminales de envío y suministro de fármacos.

Facturación de las exportadoras santafesinas
La empresa nacida en Avellaneda, factura anualmente $ 118.015 millones. Si a esa liquidación se le suma la de Cargill ($ 100.030 millones), ACA ($ 59.370 millones), ADM ($ 51.700 millones), General Motors ($ 51.611 millones) y AGD ($ 47.712 millones), por mencionar sólo seis de la veintena de empresas exportadoras más representativas que operan en territorio santafesino, la cifra supera, por $ 14.000 millones, la del Presupuesto total de la Administración Pública provincial.
Estas condiciones de rentabilidad han motivado al diputado Carlos Del Frade la presentación de un Proyecto de Ley (Expediente 37269, CD-FSP) para modificar el inciso f) del Capítulo II del Impuesto sobre Ingresos Brutos de la Ley 3650 -Ley impositiva de la Provincia de Santa Fe- tendiente a gravar con un 4,5% a las empresas del complejo agroexportador cuya facturación anual supere los $ 80 millones (elprotagonistaweb, 10 de enero de 2020).

La deuda bancaria de Vicentín
Recientemente la firma pidió una renegociación de su deuda al Banco de la Nación Argentina (BNA), establecida en $18.700 millones. Claudio Lozano, quien preside la entidad, sostuvo que durante la gestión de su antecesor, Javier González Fraga, “sin fundamento alguno la empresa obtuvo la refinanciación que requería”, incluso se inició un sumario interno para determinar por qué el BNA le siguió prestando a la empresa cuando esta ya había tomado préstamos por encima del nivel autorizado (baenegocios.com, 24 de enero de 2020).
Sergio Resumil, vocero del Banco Nación, sostuvo que “la empresa estaba en categoría 1, es decir que, aunque estaba incumpliendo sus pagos, era considerada una empresa normal. Se la pasó a categoría 4, que quiere decir que tiene alta probabilidad de incobrabilidad, el paso previo a la quiebra o a una convocatoria de acreedores (ámbito.com, 27 de enero de 2020).
En efecto, la Central de deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA) informa que, a la fecha, la empresa tiene una deuda bancaria por un total de $23.500 millones, más $60 millones en cheques rechazados. No obstante lo cual, si a la cifra se le suman las deudas totales con el sector en el que realiza sus operaciones, la misma alcanza los u$s 1000 millones, de los cuales u$s 350 millones, representan deudas contraídas con productores, acopiadores y cooperativas.

Mauricio Yennerich