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Es necesaria una defensa de nuestros abuelos y abuelas

La policía acaba de detener a una banda de gitanos que estafa a los ancianos y especialmente las ancianas esperancina. Las estafas reiteradas contra los ancianos y las ancianas de la ciudad merece un punto de análisis comunitario. ¿Cuánto hace que a los abuelos de Esperanza le roban de esta manera? Unos diez años. Una cifra multimillonaria inimaginable si se suman la cantidad de casos que suceden en el departamento Las Colonias. Con gente tan crédula, que no cambia su conducta, no hay policía que alcance ni desgracia que no venga.

Es verdad que cuesta vivir tras las rejas, todo el día defendiéndose de nuevos peligros. No es humano.
Pero es la realidad. Y en este tema de las estafas a los ancianos, se trata de un delito contra la gente más buena, más inocente, más crédula y, por ello, la más indefensa.

El tema es que todos creemos que “a nosotros no nos va a tocar” hasta que sacamos el boleto premiado con esta desgracia. Hay que estar en el cuerpo de una anciana y de un hijo al que le roban un millón de pesos ahorrados moneda sobre moneda durante años.
¿No amerita este flagelo dar una charla abierta de formación para los ancianos esperancinos sobre cómo actuar ante estos abusos?
Seguramente ayudaría, y hacerlo barrio por barrio. Habría que tomar iniciativas creativas y comprometidas con nuestros abuelos para ayudarlos a vivir mejor y más seguros, porque evidentemente lo necesitan y como sociedad; e institucionalmente, no se los puede dejar solos y sin ayuda, en un mundo en el que claramente no es el de ellos ni de sus valores y conductas.
Porque cualquiera podría preguntarse: “¿mamá cómo no te avivás, vivís en otro mundo?”; y la respuesta, categóricamente es: sí. Porque están educados en otros valores de vida.

Daniel Frank

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