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Unirán Esperanza con Cataratas del Iguazú por una causa solidaria

Dos amigos y emprendedores esperancinos, Carlos Duarte, médico veterinario y Gustavo Salzman, docente, se proponen unir en bicicleta la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe, con el Parque Nacional Iguazú en Misiones. Partirán el 2 de enero de 2020 y recorrerán, en 10 etapas, los 1150 km que separan a ambas ciudades.

“Nada hace el hombre que no sea por necesidad”, dijo alguna vez Aristóteles, y sólo Carlos Duarte sabe internamente el por qué “necesita” llevar adelante esta aventura. Pero, mientras lo entrevistaba, tuve la sensación de que más que una necesidad, lo que lo impulsa a entrenarse, a correr varios kilómetros al día y pedalear otros tantos, es más que nada la intuición. Esa sabiduría que tiene el corazón para decirnos que algo (quizás bueno o no) está por pasar y que sería mejor “hacerle caso” antes de actuar, pero que no siempre entendemos.

Con 2 hijos y dedicado hace 18 años a su veterinaria, siempre con pasión emprendedora e incursionando en distintos proyectos de negocios, comenzó hace poco más de 3 años a dedicarle más tiempo al deporte, puntualmente al maratonismo. Gran parte de su vida estuvo acompañado por su pareja, Fernanda Franconi (“Fer” para sus amigos), quien durante aproximadamente 2 de los últimos años, estuvo luchando incansablemente una batalla (siempre desigual) contra la leucemia, la cual lamentablemente, tuvo un triste desenlace en julio pasado. De alguna manera, y como reflexionaría más adelante, estuvo preparándose para este desafío “sin darse cuenta”. Esto nos contaba.

– ¿Cómo surge esta iniciativa, hacerlo así de esta manera?

Carlos Duarte: – Bueno, el desafío del viaje en bicicleta a las cataratas es en realidad un ladrillo más de lo que considero una estructura más grande que es el movimiento “DA VIDA SIN PARIR”. En su momento habíamos pensado con Fer y mientras estábamos en medio del trance de atravesar su enfermedad, después de un transplante de médula ósea, transfusiones y todo lo que conlleva ese tipo de tratamientos, empezar a difundir y concientizar sobre la importancia de donar sangre y órganos. De a poco, fuimos organizando colectas de sangre, después seguimos con la difusión e n el ámbito deportivo y siempre buscábamos la idea de “movilizar” a través de una historia que “conecte” a la gente con el mensaje de dar vida sin parir.

– De alguna manera uno elige como enfrentar sus batallas. ¿Cómo elegiste hacerlo de esta manera? ¿Había otra alternativa?

C.D: – Mirá, maneras hay muchas, miles, las que se te ocurran. Hubiera podido empezar con una fundación, o cualquier otra cosa. Yo venía corriendo desde el lado de Santa Fe y, llegando al Arco de la Colonización -monumento icónico del acceso a la ciudad de Esperanza- me pasa un cicloturista, de esos que uno identifica fácilmente porque van con un montón de cosas cargadas en la bicicleta. Y cuando lo vi, pensé ¿por qué no hacer un viaje en bicicleta? Para mí, esa persona fue lo que yo llamo “un disparador”. Y creo que eso fue lo más lindo, el hecho de que yo no frené esa idea de hacer el viaje, ese “disparador” hizo que “fluya” todo lo que vino después. Lo triste es cuando suprimimos esas ideas que todos tenemos de “hacer algo”. Todo el tiempo me cruzo con gente que me cuenta que le encantaría hacer lo que nosotros estamos por hacer, pero que por el tiempo, el trabajo, la familia, y el “qué dirán”, no se anima y posterga. Yo elegí hacerlo así simplemente porque lo puedo hacer, porque estoy vivo, estoy sano, tengo energía, ganas, aire en los pulmones, siento que no hay nada que me limite, tengo el tiempo y un mensaje que compartir, y sería una pena limitarme y no hacerlo por tantas cuestiones que son totalmente secundarias. Si dejáramos fluir esos disparadores que nos dan ideas, creo que seríamos imparables.

– ¿Cómo venís preparándote, tanto físicamente y mentalmente?

C.D: – En el momento en que el ciclista pasa por al lado mío, yo no sabía a dónde, ni cuando, ni pensé en la parte logística ni nada de nada, Me doy cuenta de que me había estado preparando para hacer algo, pero todavía no sabía bien qué. Y como te digo, no habían pasado ni 5 segundos de que lo vi pasar, y ya sabía que iba a hacer el viaje. Y entonces esa idea inicial, se convirtió en una determinación de lograrlo, y esa determinación hizo que tomemos acción para planificar el viaje. De hecho surgió como primer alternativa viajar hacia La Quiaca, en el noroeste argentino, después el destino cambió. Estaba la cuestión de ir preparando la bicicleta y todo lo demás. Y desde el punto de vista físico, todo suma a la hora de estar en condiciones. Una alimentación saludable, buena suplementación vitamínica y también uno puede ver un video o leer un libro motivacional. Y así y todo, los planes van cambiando, pero lo que nunca cambió fue la determinación de hacerlo.

– ¿Qué generó en tu entorno y conocidos la determinación de lograr esta aventura?

C.D: – Te cuento un par de anécdotas. Una tarde que entrenábamos, amenazaba con mucha lluvia y tormenta, íbamos pedaleando por la ruta y nos para un auto. El conductor se baja y nos pregunta hacia dónde íbamos e inmediatamente nos ofrece refugio de la tormenta. Quería hospedarnos sin saber nada de nosotros, pero la reacción instintiva fue de solidaridad. Otra vez un motociclista se pone a mi lado en un semáforo y al ver mi remera que dice Cataratas me reconoció y me felicitó y me contó que nos venía siguiendo por las redes sociales. Nos pasó varias veces ver la reacción de gente que nos convence de que vamos por el buen camino. Y que además confirma lo que te decía. De alguna manera ven reflejadas en nosotros esas ganas de hacer lo que no se animan. Y si ven que tenés la convicción y la determinación de lograrlo, quieren ayudarte, que sigas tu viaje, te apoyan y te impulsan de una u otra manera. Soy un convencido de que somos muchos más los buenos, los que queremos ayudar al otro, que deseamos que las cosas vayan bien y conectarnos con lo que le pasa al otro y si podemos, dar una mano al que lo necesita. Pero bueno, es sabido que, como dice el refrán: “hace más ruido una bomba que un abrazo”. Lo más importante a tener en claro es el por qué y para qué hacemos lo que hacemos.

– ¿Como fueron las reacciones en tu familia?

C.D.: – Bueno, todas positivas, desde mi actual pareja -hace muy poco tiempo está en pareja con Nancy- que me dice que me va a extrañar muchísimo estos días en que esté viajando, pero que cuando se conectó con lo que yo quería hacer y entendió lo que significa, adora el hecho de que lo podamos lograr. También mi mamá, con sus 75 años, alentándome y contándole a las amigas. Pero te aclaro que no pasa por el hecho de decir “yo lo hago porque quiero atención y que hablen de mi”, para nada, no tiene que ver con eso. Va más alla del ego, pasa por toda la gente que te dice “cómo quisiera poder hacerlo yo también” y el mensaje es “hacélo, dale, animáte vos también y cumplí tu sueño”.

– No estás solo en esta travesía. Contános un poco sobre la persona que te acompaña y cómo se sumó al proyecto.

C.D.: – Se me pone la piel de gallina al hablar de Gustavo (Gustavo Salzman), porque el es el fiel reflejo de lo que pasa cuando uno se determina a lograr algo y despierta en otros, (ese disparador del que tanto le gusta hablar), la idea de lograr algo. Somos amigos desde hace mucho. El es docente, tiene una esposa y tres hijos y su casa que mantener y hasta hace poco más de 4 meses no hacía nada, absolutamente nada de actividad física. El mismo día que se enteró por las redes sociales que yo decidí hacer el viaje, se compró una bicicleta y empezó a entrenar, desde cero. Recuerdo que cayó a la veterinaria y me dijo “yo me voy con vos, quiero conocer las cataratas.” Y así arrancó. Hoy entrena a la par mío, logró un estado físico óptimo y está listo para pedalear los más de mil kilómetros que nos esperan. Y lo que a el lo mueve, no es su fuerza muscular, es su fuerza mental de querer llegar, del logro en sí mismo. Lo suyo fue totalmente espontáneo. Todos los días me está motivando, me manda mensajes, me pasa fotos de los lugares que vamos a conocer y senderos que vamos a transitar. El le saca las excusas a todo el mundo.

– ¿Cómo se imaginan que va a ser el viaje? ¿Qué esperan encontrar?

C.D.: – Sabemos que hay mucha expectativa sobre el viaje y, sin correr el foco sobre la idea de concientizar sobre la donación de sangre y órganos, que es la fuerza motora del movimiento “Da Vida Sin Parir”; y sumado al mensaje de que uno puede alcanzar cualquier cosa que se determine a lograr, lo que nos proponemos es conectar con la mayor cantidad de gente, en todas partes, para que se sumen a esta causa. Y lograr, quizás algún día, que alguien pueda decir, “mirá, yo hice esto porque ustedes me inspiraron a hacerlo.” O sea, hacer que la gente “salte del sillón”, que en realidad es lo más difícil desde que surge la idea de hacer algo. Todo lo demás, como te decía, si uno está determinado y preparado, va fluyendo y la gente te va ayudando en el camino. Ya tenemos contactos y sabemos que hay gente esperándonos en San Jaime de la Frontera, Cerrito, Federal, Santo Tomé, en Azara, entrada a Misiones, y muchos otros lugares.

– ¿En lo personal, qué significaría para vos superar este desafío? ¿De qué manera pensás que podría cambiarte?

C.D.: – Por un lado sería poder concretar algo que habíamos pensado con Fer, que básicamente lo que ella quería hacer desde que empezó con su tratamiento contra la leucemia, era agradecer a todos y cada uno de los que tuvieron contacto con ella, y la ayudaron ya sea desde elevar una oración, hasta tomarle una muestra de sangre. Y la manera que ella eligió de devolver toda esa ayuda y agradecer es difundir la importancia de las donaciones de sangre y órganos. Y en lo personal, creo que va a ser la manera de cerrar un capítulo, que todavía pienso que está abierto y quedó pendiente. (Hace una pausa y se quiebra). Recuerdo que Fer me decía que ella iba a estar esperándome cuando yo volviera del viaje. Que cuando se recuperara iba a disfrutar de las cosas simples de la vida. Para mí va a ser una forma de tomar la posta y contar la historia de superación que Fer no pudo contar. Sé que ella pudo lograr la paz y que su mensaje para mí sería que siga adelante con mi vida, siempre para adelante, no rendirse nunca y seguir remándola. Y el universo actúa de maneras raras, que a veces no se entienden, medias caprichosas. Y quizás por eso me mandó a Nancy, otra compañera que me apoya y me alienta a seguir.

– ¿Algo más que quisieras que la gente tome de esta experiencia?

C.D.: – La verdad es que sería muy egoísta de mi parte, muy hipócrita no reconocer que todo lo que te digo y lo que hago, no es más que lo que yo aprendí y copio de Fer. La fuerza, la idea de todo esto, fue todo de ella, lo vi en ella. Era una persona que hasta dos días antes de partir, me decía que iba a salir ganadora. Y cualquiera que haya pasado por la situación de tener que enfrentar una leucemia sabe todo lo que implica. Por eso, si a través de mi, con este viaje, yo pudiera inspirar a alguien a tener la fuerza que tenía Fer, sería fantástico. Motivar a la gente a saltar del sillón, a hacer lo que le gusta, a apasionarse por algo. Que lo más importante es aprender a vivir y disfrutar de vivir. Y este viaje es vivir, y por eso es algo que quiero concretar.

Fuente: Adrián Melgratti Jobson para BioSaludWeb.

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