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Cincuenta mil vecinos sin luz ni agua con 40 grados de temperatura

El viernes desde la siesta, con un calor infernal, se cortó la energía eléctrica al 90% de la ciudad por 12 horas. Y también el agua a un número importante de vecinos.

Las redes sociales explotaron. La sociedad tenía una profunda bronca. Mezclada con el peor de los elementos: el temor por incertidumbre.

Ya tenía antecedentes la gente. Había pasado hace un año, el verano pasado. Fue entonces un caos.

Algunos que tienen twiter se enteraron que   la Empresa Provincial de la Energía informó a las 14:58 que el transformador ubicado en Ruta Provincial 6 salió de servicio y que se trabajaba en ubicar el origen de la falla para reponer la energía.

El corte general en prácticamente toda la ciudad fue cercanas las 14,30 del viernes. La enorme mayoría de los ciudadanos estuvo desinformado. Lo que cada vez que sucede, genera incertidumbre y ello aumenta la bronca hasta todos los límites posibles.

Por la tarde, la gente que cupo estuvo en  la Oil y la Shell de la ruta 70, que con generadores propios creaba un clima agradable. Allí los vecinos leían, tomaban, comían algo, charlaban y otros se entretenían con el teléfono celular.

La plaza era un desierto y los negocios, vacíos o cerrados. Como en los barrios, todos los vecinos se preguntaban ¿hasta cuándo no hay luz? Y no hubo respuestas. Para peor, se cortó el agua en no pocos lugares. Con calor de 40 grados, sin luz y sin agua, los momentos  de locura se multiplicaban.

Ya más por la noche, no pocos se fueron al Parque de la Agricultura. Sólo porque estaba más fresco y las viviendas eran un infierno. Salvo la de algunos privilegiados.

Otros decidieron mudarse al Balneario Camping Municipal. Allí había energía porque la línea de alimentación es otra.

Con el fresco y una buena cerveza fría, en un lugar hermoso con atención excelente de los pibes del bar, las cosas eran mejores.

Y más si se pasaba por el Club de Caza y Pesca que hizo asado con cuero a 250 pesos la porción.

Desde ese solar paradisíaco se veía la oscuridad de Esperanza donde la noche era profunda, caliente y muy oscura y las motos, los automóviles y los móviles policiales con sus luces celestes, transformaban a la ciudad en una urbanidad de fantasmas. También los empleados municipales estuvieron atentos, dándole una mano a los que lo necesitaran. Salvo en alguna casa con generador eléctrico, era noche, afuera y adentro.

En los barrios, las puertas y las ventanas estaban abiertas, sobre todo donde había niños y ancianos.

“LLegamos a la tarde, todo con hielo en una gran heladera, volvimos a la noche, con más hielo para conservar la mercadería” nos cuenta una comerciante del rubro de los alimentos.

Las heladerías con los generadores a tope, tratando de salvar la mercadería.

La gente cocinando la carne para que no se le ponga incomible, para que no se repitiera lo que acaeció el verano pasado. O comiéndose todo lo que tenía mayonesa, antes que tener que tirar la comida.

“Yo me tiré un colchón en el piso,  al lado de la puerta de entrada, por si alguien entraba” cuenta una mujer despensera en la mañana del sábado, cuando ya la energía había vuelto y la lluvia nunca era tan bienvenida.

En realidad, Dios tuvo piedad de los esperancinos y el viernes cercanas las 18, todo el cielo se nubló, se levantó un viento fresco y la temperatura bajó de manera abrupta. La energía fue volviendo de a poco y por barrios, pasadas la medianoche del viernes.  Los trabajadores de la Empresa Provincial de la Energía y de Aguas Santafesinas trabajaron a destajo para tratar de que la gente sufra lo menos posible.

Pero los fantasmas de febrero volvieron -y algunos los agitaron peores para generar más violencia social- y fue inevitable y comprensible, con 40 grados de temperatura.

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