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“La gente recién ahora está tomando conciencia de la realidad de la economía del país”

“La realidad es crítica. Y la verdad es que va para peor. Todos los meses las ventas bajan” confiesa Luis Alfredo, un despensero que tiene años de experiencias en la zona centro de la ciudad.

Gabriela, en zona centro también, asegura: “mirá, esas latas de gaseosas, están en oferta. Tres mil pesos al contado. Y todavía no empezaron los aumentos estacionales del verano”.
Julio, en su despensa del sur de la ciudad cuenta: “la gente ya no puede bajar más sus compras, porque adquiere lo necesario para comer. Lo que te salva hoy, es el porrón, y en la semana ya aumentó dos veces. Hasta las ventas del porrón están bajando. Y todavía no llegó noviembre y diciembre, que es cuando los precios en las bebidas pegan el salto”.
En el norte de la ciudad, en los sectores humildes aseguran los despenseros: ” en estos barrios las compras dependen en mucho y cada vez más de las Asignaciones (AUH), porque cuando baja la construcción son muchas las familias que se quedan sin ingresos.
Lo que se escucha es que cada vez más, la gente va a pedir bolsones de comida a la Municipalidad”. “La que deja de comprar alimentos y ropa es la clase media, porque los pobres lo único que pueden comprar siempre, son alimentos. La clase media es la que ocupa a la gente humilde, con la construcción, por ejemplo y si vos destruís sus ingresos, a la gente pobre la mandas a la lona” se nos dice.
En el sector de los alquileres, cuentan que “cada vez más se ven familias que dejan de alquilar, se van a vivir donde pueden, en casa de familiares o levantan una piecita en el fondo del patio de alguien de la familia. Y hasta hay gente que se suma a los ranchos en las periferias”.

Desde las esferas oficiales, no lo dicen en voz alta, pero están muy preocupados por la gente que está llegando a la ciudad como en el año 2000.
Otro espacio sensible en lo laboral son los remises. Y los remiseros cuentan que han perdido pasajes, que trabajan casi el doble de horas al volante de su automóvil e incluso, que en las agencias, ya hay autos que se han “bajado” porque no es más negocio.
Otro punto importante es el comercio en general. Si bien en la ciudad no hay una estadística, el diario La Opinión de Rafaela señala que en el último mes en esa ciudad, que es cultural y económicamente muy parecida a Esperanza, “las ventas han bajado un 40%”.
Se sabe que ante la crisis, lo primero que cuidan empresarios del comercio y sindicalistas, es el puesto laboral.
Un empresario de tiendas nos dice al oído: “yo tengo empleados con 20 años. Son como mi familia. Se hace cualquier esfuerzo para que conserven su trabajos. Hoy tenemos que conversarlo todo, lo bueno es que siempre que pasa esto, hay buen diálogo”.
Lo que acaece en los comercios y en la calle, tanto como en los hogares, sucede en las pequeñas y medianas empresas de la ciudad.
Esperanza tiene cientos de talleres y pymes. Un  red que es una gran fortaleza para su economía local. Es su clase media laboriosa.
Uno de esos empresarios angustiado por los anuncios de los funcionarios del gobierno nacional y de los analistas económicos, de que “esto recién comienza” y que nos esperan “dos años de recesión” con inflación, se pregunta: ¿Con una inflación del 45% y los costos dolarizados tanto en materia prima como en servicios, las bajas en las ventas, cómo voy a aumentarle un 45% el sueldo a un empleado cuando se reabran las paritarias. Es imposible pagar esos salarios, directamente voy a la quiebra” especula.
Un vecino señala que “es impresionante el uso de tarjetas para comprar alimentos. Si vas un sábado al supermercado, te vas a dar cuenta que la gente no compra con dinero, sino que la comida y los productos de limpieza los compra con tarjeta. Ese es un indicador que la situación en la clase media especialmente está muy crítica, porque lo último que comprás con tarjeta, son los alimentos, pues, si comprás en tres veces, al mes siguiente se te suman, y con los intereses tremendos que te cobran, si pagas el mínimo este mes, el que viene directamente no podés pagar más” nos señala un vecino de edad mayor, que asiste regularmente a comprar a los supermercados.
Un comerciante que tenía su negocio de comidas y viandas en zona centro se fue a un barrio en geografía de la periferia esperancina.
“Aquí de alquiler pagaba 30 mil pesos, más la luz y los gastos fijos. Era 50 mil pesos por mes. Imposible. Trabajaba para el Estado y para pagar sueldos. Me fui a un barrio. Un amigo me alquila un local en 3 mil pesos. Y trabajo a pedido. Es imposible de otra forma. Hay que tratar de sobrevivir como se pueda” reflexiona finalmente.
Un “mapeo” de la realidad esperancina lleva a preguntarse ¿la ciudad es consciente de lo que sucede y de lo que va a venir?
Un verdulero   nos  dice:”La gente recién ahora está comenzando a entender cuál es su realidad con lo que está pasando”,

“Lo que no sabemos es cuál será el final” sentenciaron actores políticos y sociales de la ciudad, en vistas a lo que va a venir y a un dicho que crea un profundo temor en adelante: “esto recién empieza, y se va a profundizar”.
                                                                 Daniel Frank

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